Carlos Monsiváis murió el 19 de junio de 2010 en la Ciudad de México, la misma ciudad que ocupó el centro de buena parte de su obra. Hoy, dieciséis años después, su nombre sigue asociado a la crónica como género capaz de leer el país desde sus calles, sus ídolos populares y sus contradicciones políticas.
Nacido bajo el signo de Tauro un 4 de mayo de 1938, Monsiváis construyó una carrera que combinó el periodismo, el ensayo y la crítica cultural. Escribió sobre movimientos sociales, sobre cine, sobre música y sobre los grandes símbolos de la identidad mexicana, siempre con una mirada que mezclaba el rigor intelectual con el humor. Esa combinación le valió reconocimientos como el Premio Juan Rulfo y el Premio FIL de Literatura, además de un lugar permanente en la conversación pública del país.
Sin embargo, lo que pocos recuerdan es que Monsiváis también apareció frente a las cámaras en un puñado de ocasiones. La más conocida ocurrió en 1967, en la película Los Caifanes, donde interpretó a un Santa Claus ebrio que recorre la ciudad en compañía de un niño, en una de las escenas que más se recuerda de aquella cinta dirigida por Juan Ibáñez. La actuación, breve pero memorable, mostró una faceta distinta del cronista: la de un hombre dispuesto a exponerse ante el público desde un terreno ajeno a la escritura.

Esa incursión en el cine no quedó ahí, pues años más tarde, en 1990, Monsiváis tuvo una participación especial en La Guerrera Vengadora 2, película protagonizada por Rosa Gloria Chagoyán y dirigida dentro del universo de cintas de acción como Lola la Trailera.
Su presencia en esa producción confirma que el interés de Monsiváis por el cine popular no se limitaba a la crítica desde el papel, sino que también incluía la disposición a formar parte, de manera puntual, de ese mismo universo que tanto le interesó documentar.
A más de 15 años sin él, la obra de Monsiváis continúa como referencia para entender la cultura mexicana contemporánea. Sus crónicas, sus libros y hasta sus breves apariciones en pantalla forman parte del proyecto de un cronista que nunca dejó de observar la realidad más desfavorecida de su país.
Esta nota es solo una breve pero sentida distinción a uno de los escritores que dejó huella en la urbanidad de la capital.