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El reino impulsa el Aeropuerto de Gelephu y su modelo de turismo controlado para abrirse sin perder su identidad basada en la Felicidad Nacional Bruta

Entre India y China, en el corazón del Himalaya, Bután ha construido durante siglos una identidad marcada por el aislamiento. Es un reino pequeño, profundamente budista, conocido por su forma poco común de entender el desarrollo: la Felicidad Nacional Bruta, un modelo que pone el bienestar y la espiritualidad al mismo nivel que la economía.

Bajo esa lógica, el país decidió abrirse al turismo, pero sin convertirse en un destino masivo. Llegar no es sencillo, y esa dificultad también forma parte de su identidad.

Un país que eligió ser difícil de alcanzar

Desde 1974, Bután permite el ingreso de turistas bajo la política de “alto valor, bajo volumen”. La idea es recibir pocos visitantes, pero con un impacto económico suficiente para sostener el país sin saturarlo.

Hoy sigue vigente una Tasa de Desarrollo Sostenible de alrededor de 100 dólares por persona al día, además de los costos del viaje. Esto hace que viajar a Bután requiera planeación, presupuesto y varias escalas, reforzando la sensación de que no es un destino convencional.

@lugaresincreiblesdlmundo Bután, el país donde la felicidad es más importante que el dinero. Aquí miden la “felicidad nacional bruta”, limitan el turismo, protegen sus bosques y mantienen una cultura casi intacta en pleno siglo veintiuno. Descubre cinco cosas únicas de Bután y por qué muchos lo llaman el país más feliz del mundo. #butan #country #city ♬ sonido original - Lugares Increíbles

Paro, el aeropuerto que define los límites

Hasta ahora, la principal puerta de entrada ha sido el aeropuerto de Paro, uno de los más complejos del mundo. Está ubicado en un valle estrecho, rodeado por montañas de más de 5,000 metros, lo que obliga a aterrizajes visuales sin apoyo de sistemas automatizados.

Solo un número reducido de pilotos está certificado para operar ahí, lo que limita vuelos y mantiene el acceso controlado desde ciudades como Bangkok, Delhi o Katmandú. Paro no solo funciona como aeropuerto, también como filtro natural que refuerza el carácter exclusivo del país.

Gelephu y el nuevo punto de entrada

Ahora Bután prepara un segundo gran acceso: el Aeropuerto Internacional de Gelephu, previsto para 2029. El proyecto forma parte de una visión impulsada por el rey Jigme Khesar Namgyel Wangchuck para transformar el sur del país.

El diseño incluye madera local y espacios para meditación, yoga y prácticas espirituales, además de una arquitectura adaptada al clima subtropical. Su capacidad lo convertirá en un nuevo eje de entrada al país.

Este aeropuerto también será clave para la Ciudad del Mindfulness de Gelephu, una zona especial que busca atraer turismo, inversión y población sin perder el enfoque en sostenibilidad y espiritualidad.

El sur de Bután, un paisaje distinto

A diferencia del imaginario de monasterios en montañas, el sur de Bután es subtropical: selvas húmedas, ríos, cardamomo, naranjales y una biodiversidad excepcional.

Ahí se encuentra el Parque Nacional Royal Manas, hogar de tigres, elefantes, rinocerontes y cientos de especies de aves, lo que convierte la región en uno de los puntos ecológicos más importantes del país.

Turismo, espiritualidad y tensión de futuro

El nuevo modelo turístico incluye senderos, campamentos ecológicos, experiencias culturales y rutas espirituales. La apuesta es abrir el territorio sin romper su equilibrio.

Pero la tensión es evidente: crecer sin perder lo que hace único al país. El gobierno insiste en que no se trata de masificar, sino de ampliar posibilidades sin abandonar el control.

Un país que intenta decidir su propio ritmo

Bután no solo está construyendo un aeropuerto, está redefiniendo su forma de abrirse al mundo.

En un contexto global donde el turismo suele expandirse sin límites, este reino apuesta por algo distinto: elegir cómo, cuánto y desde dónde entra el mundo a su territorio, y en ese intento, Bután sigue siendo lo que siempre ha sido: un país que avanza, pero sin dejar de preguntarse hacia dónde.


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Imagen de portada: NatGeo