Las personas tóxicas podrían hacerte envejecer más rápido, según un estudio
Salud
Por: Carolina De La Torre - 06/02/2026
Por: Carolina De La Torre - 06/02/2026
Dormir ocho horas, comer mejor o hacer ejercicio suelen aparecer primero cuando pensamos en salud. Pero entre todo eso hay un factor que muchas veces se subestima: las personas con las que convivimos. Porque algunas relaciones no solo desgastan el ánimo o agotan mentalmente, también podrían dejar huellas medibles en el cuerpo.
Una investigación reciente publicada en la revista científica PNAS encontró que convivir con personas conflictivas o generadoras constantes de estrés podría acelerar el envejecimiento biológico. La cifra llama la atención: cada vínculo considerado problemático se relacionó con hasta nueve meses adicionales de envejecimiento corporal.
El estudio fue realizado por investigadores estadounidenses que analizaron a más de 2 mil 300 personas adultas en Indiana. Para entender el impacto de las relaciones personales, primero mapearon las redes sociales de los participantes: familiares, amistades, parejas y personas cercanas con quienes convivían o hablaban de asuntos importantes.
Después vino una pregunta clave: ¿quiénes dentro de esos círculos hacían su vida más difícil de manera frecuente?
Quienes aparecían repetidamente como fuentes de tensión, estrés o conflictos constantes entraban en la categoría de vínculos problemáticos. No necesariamente eran personas completamente negativas. Algunas podían ser apoyo emocional en ciertos momentos y, al mismo tiempo, convertirse en una fuente permanente de desgaste.
Para medir el impacto físico de esas relaciones, los científicos utilizaron muestras de saliva y analizaron la metilación del ADN, una técnica que permite estimar la edad biológica del cuerpo. En otras palabras, no cuánto tiempo has vivido, sino cuánto aparenta haber envejecido tu organismo.
Los resultados mostraron una relación clara: cada persona tóxica o conflictiva dentro de la red social aumentaba la velocidad de envejecimiento biológico en alrededor de 1.5%.
En promedio, quienes convivían con este tipo de vínculos presentaban una edad biológica cercana a nueve meses mayor que personas de la misma edad cronológica sin esas relaciones problemáticas.
Además, el impacto no se quedó solo en el envejecimiento. Los investigadores encontraron asociaciones con mayores niveles de inflamación, un proceso biológico relacionado con enfermedades cardiovasculares, problemas metabólicos y distintos padecimientos crónicos.
Casi tres de cada diez participantes dijeron tener al menos una persona conflictiva en su círculo cercano y alrededor del 10% reportó dos o más.
Uno de los hallazgos más interesantes tiene que ver con quién genera ese desgaste.
Los conflictos familiares resultaron ser los más dañinos. Padres, madres, hijos o familiares cercanos aparecieron con más frecuencia dentro de las relaciones consideradas problemáticas, superando incluso a amistades o parejas.
La explicación podría estar en algo simple: romper distancia con la familia suele ser mucho más complicado. Mientras una amistad puede enfriarse o terminar, los vínculos familiares permanecen presentes durante años y forman parte de rutinas, responsabilidades y dinámicas difíciles de modificar.
Curiosamente, el estudio no encontró el mismo efecto tan marcado en las parejas. Los investigadores creen que factores como la compañía, el apoyo emocional o la reducción de la soledad podrían amortiguar parte del impacto negativo de los conflictos románticos.
Los investigadores son cuidadosos con eso. El estudio no propone eliminar personas automáticamente ni asegura que una discusión ocasional vaya a hacerte envejecer más rápido.
Lo que sí muestra es que el estrés social crónico importa más de lo que solemos admitir; así como cuidamos lo que comemos o cuánto dormimos, quizá también vale la pena revisar qué relaciones nos dejan en calma y cuáles mantienen al cuerpo funcionando en modo alerta. Porque, al parecer, algunas conversaciones incómodas duran minutos; otras podrían quedarse mucho más tiempo, incluso debajo de la piel.