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Durante el Día de la Independencia de Israel 2026, grupos ultraortodoxos protestaron en Jerusalén quemando la bandera. Te explicamos el trasfondo religioso y político detrás del acto

En Jerusalén, mientras el país celebraba su independencia, una escena que genera tensión volvió a aparecer. No era nueva, pero sí lo suficientemente potente como para detener la mirada: un grupo de judíos ultraortodoxos prendiendo fuego a la bandera de Israel en plena conmemoración nacional.

Ocurrió el 22 de abril de 2026, durante el aniversario número 78 de la creación del Estado israelí. En barrios como Mea Shearim, donde la vida religiosa marca el ritmo cotidiano, algunos sectores haredíes salieron a manifestarse con pancartas, consignas y un gesto que suele generar desconcierto fuera de ese contexto: quemar el símbolo del país que, en teoría, también los representa.

Dentro del judaísmo existen distintas corrientes, y no todas comparten la misma postura frente al Estado de Israel. En particular, ciertos grupos ultraortodoxos mantienen una posición abiertamente anti-sionista. Su argumento no es político en el sentido convencional, sino teológico. Consideran que la fundación de un Estado judío antes de la llegada del Mesías contradice principios religiosos fundamentales. Desde esa visión, Israel no solo es un proyecto secular, sino una interrupción del orden espiritual que, según su interpretación, debería seguir otro curso.

Bajo esa lógica, la bandera deja de ser un símbolo de identidad y se convierte en un emblema de desacuerdo. Quemarla, entonces, funciona como un acto de protesta cargado de significado religioso y político al mismo tiempo.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Este tipo de manifestaciones no representa a toda la comunidad ultraortodoxa. De hecho, muchos sectores haredíes han ido estableciendo relaciones más pragmáticas con el Estado, participando en ciertas dinámicas sociales e incluso beneficiándose de sus estructuras. Sin embargo, los grupos más radicales mantienen una postura firme y visible, especialmente en fechas simbólicas como el Día de la Independencia.

El contexto tampoco es menor. En los últimos años, las tensiones entre el Estado israelí y algunas comunidades ultraortodoxas han crecido, en parte por temas como el servicio militar obligatorio o la integración a la vida pública. Estas fricciones no siempre se expresan de forma violenta, pero sí encuentran momentos clave para hacerse notar, y las celebraciones nacionales son uno de ellos.

Lo que se vio en Jerusalén no es una contradicción simple, sino una fractura interna que lleva décadas gestándose. Una que revela que Israel, más allá de su imagen exterior, también es un territorio de debates profundos sobre identidad, religión y poder.

La escena de la bandera en llamas puede parecer provocadora o incluso difícil de entender desde fuera. Pero dentro de ese contexto, es la expresión visible de una discusión mucho más compleja, donde la pregunta no es solo qué es Israel, sino cuándo y bajo qué condiciones debería existir.


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Imagen de portada: Canal 26