«El drama»: cómo los juicios y el sobrepensar destruye relaciones
Arte
Por: Jonathan Flores - 04/14/2026
Por: Jonathan Flores - 04/14/2026
El drama, la nueva película de comedia romántica con tintes dramáticos protagonizada por Robert Pattinson y Zendaya, ya se encuentra en cines mexicanos. La premisa es clara: Emma Harwood y Charlie Thompson están a punto de casarse tras dos años de relación. A unos días de la boda, ambos deciden revelar un secreto de su pasado, detonando una serie de tensiones que comienzan a perseguirlos.
La historia encuentra uno de sus puntos más interesantes en la forma en que construye ese conflicto. Cuando el espectador descubre el secreto, la primera reacción puede inclinarse hacia el escepticismo o incluso a percibirlo como algo exagerado. Sin embargo, la película lo sitúa dentro de un contexto social muy específico: Estados Unidos y su relación con las armas. Este elemento añade una carga cultural que transforma el conflicto en algo más complejo. Para ciertos públicos, esa dimensión puede resultar lejana, lo que impacta directamente en el nivel de conexión con la historia.
A partir de ahí, la película abre una pregunta que sí atraviesa cualquier contexto: ¿hasta qué punto es válido juzgar a una pareja por lo que fue antes de la relación? Ese cuestionamiento se convierte en el verdadero motor del relato. Las relaciones comienzan a tensarse, y lo que parecía firme empieza a resquebrajarse cuando la percepción que se tiene del otro cambia.
El guion también expone una dinámica incómoda: personajes que adoptan posturas morales rígidas frente a situaciones que, en otro momento de sus vidas, también pudieron haber protagonizado. Esa mirada evidencia cierta hipocresía colectiva que la película utiliza para incomodar al espectador y obligarlo a reflexionar sobre sus propios juicios.
En cuanto a las actuaciones, Pattinson y Zendaya sostienen la película con una química creíble. La cercanía entre sus personajes se siente natural en los momentos de calma, mientras que la tensión se vuelve palpable cuando aparecen las dudas. Esa dualidad emocional mantiene el interés incluso cuando la narrativa pierde fuerza.
El principal tropiezo se encuentra en el ritmo. La historia insiste demasiado en su conflicto central y tarda en expandir sus posibilidades. Las subtramas se asoman con lentitud, lo que provoca una sensación de estancamiento durante buena parte del metraje. Es hasta el tercer acto cuando la narrativa parece tomar dirección, aunque para ese punto el cierre llega con rapidez.
El drama encuentra momentos efectivos en su mezcla de comedia y tensión emocional, dejando preguntas incómodas sobre los límites de la honestidad y lo que cada persona está dispuesta a revelar de sí misma. Una película que funciona mejor cuando se enfoca en sus personajes que cuando intenta sostener su conflicto principal durante demasiado tiempo.