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De Michael Jackson a Bad Bunny y Kendrick Lamar, los momentos en que el halftime show dejó de ser solo entretenimiento

Durante muchos años, el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl fue exactamente eso: un intermedio. Un espacio pensado para llenar quince minutos entre dos mitades de un partido que ya era, por sí mismo, el evento deportivo más importante de Estados Unidos.

Hoy, ese mismo espacio es otra cosa.

Es una plataforma cultural global donde la música, el arte y la política se cruzan frente a más de cien millones de personas.

La polémica que rodea la elección de Bad Bunny y Green Day para el Super Bowl LX de 2026 no surge de la nada. Es el último capítulo de una transformación que lleva décadas gestándose: la de un espectáculo que dejó de fingir neutralidad.

Antes de la música pop, antes del conflicto

En sus primeros años, el medio tiempo era un entretenimiento menor. En 1967, el primer show estuvo encabezado por el trompetista Al Hirt y bandas universitarias. Durante décadas, el formato se mantuvo fiel a esa lógica: talento local, números familiares, cero intención de provocar.

El medio tiempo no buscaba hacer historia, buscaba no estorbar.

Todo empezó a cambiar en los años noventa.

1993: el momento en que el medio tiempo se volvió un evento

Cuando Michael Jackson apareció en el medio tiempo de 1993, el espectáculo dejó de ser un relleno y se convirtió en un acontecimiento.

No solo por la producción o la magnitud del show, sino por el tono. En un país atravesado por tensiones raciales evidentes, Jackson habló de unidad, de inclusión y de conciencia social desde el escenario más visto de la televisión estadounidense.

Por primera vez, el medio tiempo no solo entretenía: enunciaba una postura.

Desde entonces, esos quince minutos se volvieron el espacio más codiciado del entretenimiento. No se paga por actuar ahí, pero la exposición redefine carreras, multiplica ventas y consolida estatus cultural. Y, poco a poco, también fue cambiando el tipo de mensajes que llegaban al escenario.

La crisis de la NFL y el giro con Roc Nation

A finales de la década de 2010, la NFL enfrentó una crisis más profunda que una baja de audiencia. Las protestas de Colin Kaepernick contra la brutalidad policial dividieron al país y golpearon directamente a la liga.

Artistas como Pink y Cardi B rechazaron participar en el medio tiempo en señal de protesta. El Super Bowl empezaba a perder legitimidad entre los públicos jóvenes y entre sectores culturalmente influyentes.

En 2019, la NFL tomó una decisión estratégica: asociarse con Roc Nation, la compañía fundada por Jay-Z. El objetivo no era solo asegurar talento de primer nivel, sino reconstruir una relación rota con temas como diversidad, raza y justicia social.

Desde entonces, la selección de artistas empezó a reflejar otro tipo de sensibilidad. Menos neutralidad. Más identidad. Más riesgo.

Cuando el mensaje se volvió imposible de ignorar

Beyoncé, 2016

En el Super Bowl 50, Beyoncé llevó al escenario una estética inspirada directamente en los Panteras Negras y en el movimiento Black Lives Matter. No fue un gesto decorativo ni un guiño ambiguo: fue una toma de posición construida desde el vestuario, la coreografía y la puesta en escena.

Para una parte del público, la actuación fue un acto de valentía en un espacio que históricamente había evitado el conflicto. Para otros, una provocación fuera de lugar en un evento familiar. Pero, más allá de las reacciones, algo quedó claro esa noche: el medio tiempo había dejado de ser un territorio políticamente neutro.

Shakira y Jennifer López, 2020

Cuatro años después, el show encabezado por Shakira y Jennifer López llevó el debate a otro terreno.

En pleno clima de tensión por las políticas migratorias de Donald Trump, una de las imágenes más potentes de la noche mostró a niños en jaulas iluminadas, una referencia directa a la separación de familias en la frontera.

No era un recurso estético aislado:

  • Era un comentario político cuidadosamente colocado en uno de los momentos más vistos del planeta.
  • Por primera vez, el medio tiempo no solo celebraba diversidad: la defendía explícitamente.

Eminem, 2022: arrodillarse en televisión nacional

En el Super Bowl LVI, celebrado en 2022, Eminem protagonizó uno de los gestos políticos más comentados en la historia reciente del medio tiempo.

Al final de su interpretación de Lose Yourself, el rapero se arrodilló en el escenario, un gesto directamente asociado a las protestas de Colin Kaepernick contra la brutalidad policial. Aunque la NFL había negado públicamente haber intentado censurarlo, el acto fue leído de inmediato como una toma de postura deliberada frente a la propia liga y su historial reciente.

Kendrick Lamar, 2025

La actuación de Kendrick Lamar fue descrita por varios críticos como la más política en la historia del Super Bowl.

El escenario, diseñado como un patio de prisión con forma de control de videojuego, funcionaba como una metáfora de un sistema que vigila, controla y mercantiliza la cultura negra para el entretenimiento.

No todos lo entendieron, muchos lo encontraron confuso, otros, profundamente lúcido.

Pero el mensaje era inequívoco: el medio tiempo ya era un espacio de crítica estructural.

2026: Bad Bunny, Green Day y una nueva línea de fractura

La elección de Bad Bunny y Green Day para el Super Bowl LX llevó esta historia a un punto de máxima tensión.

Bad Bunny ha sido uno de los críticos más visibles de las políticas migratorias de Donald Trump, ha apoyado públicamente a figuras demócratas y ha utilizado sus decisiones artísticas como forma de protesta. Green Day, por su parte, lleva décadas confrontando a la derecha estadounidense desde su música.

La reacción fue inmediata.

  • Peticiones para cancelar su participación.
  • Amenazas de protestas conservadoras.
  • El anuncio de un evento alternativo: el “All American Halftime Show”, impulsado por organizaciones de derecha
  • El medio tiempo, una vez más, convertido en territorio de disputa.

Cuando incluso el silencio es una postura

La historia del medio tiempo del Super Bowl es, en el fondo, la historia de cómo el entretenimiento dejó de fingir neutralidad. De Michael Jackson a Bad Bunny, de Beyoncé a Kendrick Lamar, el escenario más visto del mundo se transformó en un espacio donde se discuten raza, identidad, migración, poder y justicia. La controversia no es un accidente ni un error del sistema: es su consecuencia lógica. En una sociedad profundamente dividida, incluso el silencio es una postura política, y el medio tiempo, hoy, ya no puede darse ese lujo. Porque ya no se trata solo de quién canta, sino, cada vez más, de qué se dice.


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Imagen de portada: BBC