Bill Clinton comparece ante el Congreso por sus vínculos con Jeffrey Epstein
Sociedad
Por: Carolina De La Torre - 02/27/2026
Por: Carolina De La Torre - 02/27/2026
En la política estadounidense hay fantasmas que no se disuelven con el paso del tiempo. Uno de ellos lleva el nombre de Jeffrey Epstein. Y este viernes volvió a sentar frente a los reflectores a una figura que parecía ya instalada en el terreno de la historia: Bill Clinton.
El ex presidente comparece ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, controlado por los republicanos, para responder preguntas sobre sus vínculos con el financista neoyorquino, condenado en 2008 por delitos sexuales contra menores. La escena no es menor. Se trata de un ex jefe de Estado declarando, a puerta cerrada, sobre una relación que durante años fue pública y documentada, pero que hoy adquiere otra dimensión bajo el peso de millones de nuevos archivos difundidos por el Departamento de Justicia.
Conviene ir por partes. Que el nombre de alguien aparezca en los llamados “archivos Epstein” no implica, por sí mismo, que haya cometido un delito. En esos documentos figuran empresarios, académicos, celebridades y políticos que en algún momento coincidieron con él en vuelos, eventos o encuentros sociales. La red de contactos de Epstein era amplia y, en muchos casos, superficial. Sin embargo, el contexto lo cambia todo.
Clinton ha reconocido que voló varias veces en el avión privado de Epstein a principios de los años 2000, cuando ya no era presidente. Ha explicado que esos viajes estaban relacionados con actividades humanitarias vinculadas a la Fundación Clinton. También ha insistido en que rompió relación con el financista antes de su condena en 2008 y que nunca visitó su isla privada en el Caribe, un lugar que con el tiempo se convirtió en símbolo de abuso, poder y encubrimiento.
No enfrenta cargos. No existe una acusación formal en su contra. Pero la comparecencia ocurre en un clima político donde la sospecha se convierte rápidamente en arma partidista.
🇺🇸 | CLINTON SOBRE EPSTEIN
— 7700News (@7700News) February 27, 2026
El expresidente Bill Clinton declaró ante el Congreso que no habría volado en el avión de Jeffrey Epstein si hubiera sabido de sus crímenes.
“Lo habría denunciado yo mismo y liderado el llamado a la justicia”, afirmó durante su testimonio, según… pic.twitter.com/E2pXo6USHN
Un día antes declaró Hillary Clinton, ex secretaria de Estado y figura central del Partido Demócrata. En un texto previo a su testimonio, lanzó una crítica directa al proceso. Señaló que si la comisión realmente buscara la verdad, llamaría a declarar bajo juramento al actual presidente, Donald Trump, cuyo nombre también aparece múltiples veces en los expedientes relacionados con Epstein.
Ahí se revela otra capa del asunto. Los demócratas sostienen que la investigación está siendo utilizada para golpear adversarios políticos, más que para esclarecer responsabilidades de fondo. Los republicanos, por su parte, defienden la indagatoria como un ejercicio de transparencia necesario frente a un caso que involucró a personas influyentes durante décadas.
Las audiencias se realizan a puerta cerrada, pese a que los Clinton habían solicitado que fueran públicas y televisadas. Esa decisión alimenta la desconfianza de ambos bandos y deja espacio a interpretaciones. En un país profundamente polarizado, el silencio institucional rara vez apacigua.
Para entender por qué el caso sigue abierto en la conversación pública hay que recordar quién fue Epstein. Financista con conexiones en los círculos más poderosos de Nueva York y del mundo, fue condenado en 2008 por solicitar prostitución de menores, incluidas adolescentes de 14 años. En 2019 fue arrestado nuevamente por cargos federales de tráfico sexual. Ese mismo año apareció muerto en su celda en Nueva York. La versión oficial concluyó que se trató de un suicidio, aunque la incredulidad pública nunca desapareció del todo.
Su expareja y colaboradora, Ghislaine Maxwell, fue posteriormente condenada por su participación en la red de abuso. A partir de ahí, el interés por conocer quién sabía qué, quién estuvo dónde y bajo qué circunstancias no dejó de crecer.
En ese marco se explica la presión política actual. Los Clinton inicialmente rechazaron las citaciones, pero terminaron aceptando después de que legisladores republicanos advirtieran con declararlos en desacato al Congreso. Comparecer, aunque sea en privado, es también una forma de evitar que la narrativa se escriba sin su voz.
Lo que está en juego no es solo la reputación de un ex presidente. Es la credibilidad de las instituciones frente a un caso que expuso la cercanía entre poder económico, político y redes de explotación. También es un recordatorio incómodo de cómo funcionan las élites, de cómo se entrelazan relaciones sociales y políticas, y de cómo, años después, esos vínculos pueden convertirse en interrogatorios formales.
En este punto, más que certezas hay preguntas. ¿La comisión busca esclarecer hechos concretos o reforzar posiciones partidistas? ¿Qué tanto cambiará la percepción pública una declaración a puerta cerrada? ¿Puede la política estadounidense investigar con rigor sin convertir cada audiencia en un campo de batalla electoral?
Mientras tanto, el nombre de Epstein sigue funcionando como detonador. Y cada comparecencia, cada documento liberado, cada declaración bajo juramento, reabre una herida que mezcla poder, abuso y opacidad.
Bill Clinton declara hoy desde su residencia en Chappaqua, cerca de Nueva York. No está acusado de delito alguno. Pero en tiempos donde la confianza pública es frágil, incluso la sombra de una relación pasada basta para sentar a un ex presidente frente a un comité del Congreso y obligarlo a explicar, otra vez, con quién voló y por qué.