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Punto de fuga: «Inmersión» de Javiera Mena ve la luz en el trabajo en colectivo

Arte

Por: Joel Rodríguez - 04/03/2026

"Y la inmersión es algo muy, muy solitario, pero siempre hay un espíritu colectivo en el disco; los discos, a pesar de ser solista, se hacen entre muchas personas también”.

“Los mexicanos tienen arraigados muchos conciertos en el cuerpo y la memoria, así que el público chilango siempre representa un desafío, porque todo el tiempo están recibiendo distintas formas de arte por todos lados”, explica al inicio de nuestra conversación Javiera Mena, visiblemente emocionada ante el inminente encuentro con sus fans de la CDMX, quienes atestiguarán la presentación de Inmersión (Geiser Discos, 2025), su más reciente trabajo de estudio.

Javiera Mena, quien llegará a los 43 años el próximo mes de junio, regresa a nuestro país para presentarse en el Lunario del Auditorio Nacional el domingo 19 de abril. Ahí interpretará en vivo el material de Inmersión, una placa que se distancia de sus raíces -electrónicas- y de su forma habitual de componer, construir canciones y texturas sonoras, dando como resultado un punto de inflexión de gran impacto y magnitud, con la guitarra acústica como eje central.

“Estoy muy contenta, porque tengo un recorrido largo con la gente de México, que me apoyó desde el comienzo. Entonces, para mí es muy importante venir a presentar y tocar cada disco, cada hito. Me emociona mucho mostrar el show en vivo que estamos haciendo ahora; es muy interesante. Quiero reconectar desde el presente —que es mi disco Inmersión—, pero sin dejar de lado quién soy yo a lo largo de todos mis discos. Entonces, es un desafío igual”.

Conviene recuperar una vieja máxima en la música pop —formulada, con distintos matices, por figuras como Tom Petty, Martin Gore e incluso John Mayer—: si una canción no se sostiene con una guitarra acústica, probablemente no era una gran canción para empezar; una premisa que en Inmersión se cumple con precisión casi quirúrgica. 

Piezas como Reina de la selva, Esta ciudad o Mar de coral, se revelan como destellos de oro en estado de gracia dentro de una discografía ya vasta, sostenida por una colección de canciones que, en este nuevo ciclo, parecen responder a un proceso creativo inédito para la propia Mena.

“Aunque es un disco muy conceptual, de medios tiempos e intimista —mucha gente lo notó desde el inicio, me lo decían todo el tiempo—, también tiene una propuesta sonora basada en guitarras, que es algo nuevo. Se siente muy rupturista frente a mis discos anteriores, que eran mucho más electrónicos, más centrados en la producción”.

En ese sentido –continúa– es al revés: normalmente los músicos parten desde una banda con guitarras y luego evolucionan hacia lo electrónico y lo moderno. En este caso fue un poco lo contrario: yo volví al origen, a un sonido más de guitarra, batería y bajo, pero dentro de mi propio universo. Y, curiosamente, eso terminó siendo lo más rupturista: ir hacia un lugar más tradicional. Es loco igual, pero está bueno”, afirma Mena sobre este nuevo proceso creativo.

De hecho, para este proceso, la autora de Sol de invierno reconoce que el cambio de dirección le permitió descubrir nuevos propósitos dentro de su obra, así como reconciliar y entrelazar distintas facetas de sí misma —artista y mujer— que, en trabajos previos, no necesariamente había explorado del todo.

“Es un disco mucho más tierno, me conecté con esa parte mía. Yo venía de la música electrónica, que me permitía asumir un rol más dominante, y acá muestro a una mujer más tierna, vulnerable, intimista, más conectada con las baladas. Supongo que también tiene que ver con que es un disco que se compuso con guitarras, lo cual es nuevo para mí”.

“Es una colección de canciones profundamente tiernas. Tenía muchas ganas de hacer un disco que pudiera defender con la guitarra y la voz, que fuera más allá de la producción. Venía trabajando mucho desde el beat y los sintetizadores, y ahora partí desde un lugar mucho más despojado: una guitarra y una voz; de ahí nace todo”, menciona.

La producción del álbum recae, en gran medida, en la propia Javiera Mena, quien consigue articular un equilibrio preciso entre sus inquietudes musicales y su impulso artístico. Hay en este proceso una ambición clara —incluso desafiante— que no se limita al control autoral, sino que se expande hacia la colaboración: nombres como Isidro Acedo, Francisco Victoria y Pablo Stipicic orbitan el proyecto desde distintos frentes creativos, aportando matices que enriquecen el universo sonoro de la chilena.

Lejos de diluir su identidad, este cruce de miradas potencia una dinámica más abierta, casi pedagógica, donde la dirección creativa se vuelve también un ejercicio de escucha. Como ella misma lo reconoce: “Bueno, yo ahí tengo que armarme de liderazgo y ser una directora creativa. Acá resultó muy bonito el trabajo colectivo, aprendí a desenvolverme así en pandemia; yo antes era mucho más celosa con las ideas y de cómo se tenía que hacer y llevar todo, porque eran mis ideas”.

“En el disco estoy acogiendo las ideas de todos mis colaboradores, como Isidro en la producción; Francisco también me ayudó con un par de temas, aunque la mayoría los hice con Luichi. Entonces yo tengo que traer muy claro el concepto y que todos vayan aportando con su visión, con su talento, y eso es muy lindo, porque priorizan que se transmita una idea de una solista”, reflexiona.

“En mi caso, lo que más destaco en este proceso post pandemia —y lo que más me funcionó— es aprender a trabajar en colectivo, a juntarme más, a que todos aporten, a pesar de que este es un disco muy personal que habla de situaciones muy concretas, de sentirte inmerso. Y la inmersión es algo muy, muy solitario, pero siempre hay un espíritu colectivo en el disco; los discos, a pesar de yo ser solista, se hacen entre muchas personas también”.

Dentro de Inmersión, además de la tanda de productores invitados, se suma la presencia de uno de los compositores y músicos más sólidos de los últimos veinte años dentro del panorama del rock y el pop latinoamericano: ni más ni menos que Santiago Ariel Barrionuevo, mejor conocido como Santiago Motorizado. Al frente de Él Mató a un Policía Motorizado —así como en su faceta solista—, ha construido una reputación prácticamente impecable e incuestionable, sostenida en su sensibilidad, talento y filo como compositor e intérprete.

Mar de coral es el nombre del tema que comparte con Javiera, una pieza que se desarrolla en un territorio que desplaza a ambos de sus habitáculos frecuentes, y que parece surgir en el momento preciso para los dos. Sobre ello, la artista recalca: “Yo andaba buscando una voz masculina profunda, que tuviera otra textura muy diferente a la mía, y al pensar en colaboradores, me di una vuelta ahí buscando y de repente me apareció Él Mató, y dije: ¡obvio Santi!”. 

“Tenemos muy buena onda, a él le gusta muchísimo mi música, entonces le escribí un WhatsApp y de una fue como: ¡obvio! Se mostró muy abierto, y yo quería ese diálogo entre dos personas con registros muy distintos —en este caso, un hombre y una mujer— que hablan sobre el amor a distancia, algo que a Santi le pasa mucho porque viaja constantemente. De eso trata un poco la canción: uno en un lado y el otro en otro; también habla del deseo, de ese deseo no concluido. Quedó muy linda la canción y se convirtió como en el hit número uno del disco”.

En otro aspecto, Mena entiende su obra como un territorio de resistencia: un espacio donde lo estético y lo político se entrelazan desde la experiencia misma de la creación y el cuerpo en movimiento.

“Para mí, este disco que también tiene canciones bailables y electrónicas, sigue siendo un espacio de resistencia. Siento que estoy parada frente a un mundo con un mercado musical —y en general— muy despiadado, y que este es el único lugar de libertad que tengo para crear desde un lado genuino, más allá de las ganancias o de lo que sea. Eso, para mí, es profundamente político. La pista de baile también lo es: el poder bailar y sentirte libre ahí. Quizá el mundo se esté yendo hacia otros lados, pero ahí estamos los artistas, intentando traducir también mensajes de resistencia”, sostiene.

Desde Esquemas Juveniles (Meni) de 2006 hasta Inmersión, la carrera de Javiera Mena ha girado en torno a una evolución artística natural y plenamente reconocible. Más que plantearse como una oposición entre innovación y continuidad, su reflexión apunta hacia una etapa en la que la exploración parece orientarse a profundizar en un lenguaje propio. 

En ese sentido, para ella la noción de “consagración” no implica necesariamente un cierre, sino una reconfiguración del proceso creativo: un desplazamiento desde la búsqueda de validación externa hacia una indagación más íntima, donde el reto consiste en sostener y desarrollar una voz que, aún consolidada, sigue encontrando nuevas formas de expresión.


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Joel Rodríguez (Ciudad de México, modelo 1983) es periodista musical, cronista urbano y gestor cultural con debilidad declarada por la cultura pop, el cine y la literatura. Embriagado de amor por la CDMX —patita de perro por vocación— ha colaborado en medios como Revista Vicio, Círculo Mixup, Radionotas, Monitor Latino, Cultura Colectiva y Revista Marvin; además, participó en el libro compilatorio 200 discos chingones del rock mexicano (2022).


Imagen de portada: Sebastián Freire