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El insomnio de los genios: Kafka, Plath y otros artistas que luchaban por dormir

Arte

Por: Carolina De La Torre - 03/13/2026

Kafka, Sylvia Plath, Picasso, Mozart y Balzac compartieron algo más que talento: también enfrentaron noches de insomnio, rutinas de sueño caóticas y madrugadas creativas. Sus historias muestran cómo la mente artística muchas veces negocia con el descanso

Dormir parece una acción simple. Cerramos los ojos, apagamos la luz y dejamos que el cuerpo haga su trabajo. Sin embargo, para millones de personas el sueño es cualquier cosa menos sencillo. El insomnio, la mente que no se apaga, el ruido exterior o la ansiedad del día siguiente forman parte de una experiencia cotidiana que muchas veces se arrastra noche tras noche.

Lo curioso es que este problema no pertenece solo a nuestro tiempo. Mucho antes de las pantallas, las notificaciones y el tráfico constante de las ciudades, el descanso ya era un territorio difícil para muchas mentes creativas. Escritores, pintores y compositores han dejado registros de noches inquietas, ciclos de sueño caóticos o jornadas creativas que empujaban el descanso hacia el borde del día.

En una época donde todavía no existían estudios del sueño ni herramientas diseñadas para mejorar el descanso, muchos artistas aprendieron a convivir con ese desequilibrio. Algunos escribían de madrugada porque era el único momento de silencio. Otros dormían poco porque la presión del trabajo creativo no dejaba espacio para más horas en la cama.

Entre ellos aparece Franz Kafka, quizá uno de los casos más conocidos de insomnio en la historia literaria. Durante el día trabajaba en una compañía de seguros en Praga, lo que lo obligaba a reservar la noche para escribir. Sus diarios están llenos de referencias a la dificultad para dormir: pensamientos que giraban sin descanso, sensibilidad extrema al ruido y una mente que seguía funcionando incluso cuando intentaba cerrar los ojos. Muchas veces comenzaba a escribir cerca de las once de la noche y continuaba hasta las tres de la madrugada. Ese ritmo terminó por alterar su descanso de forma permanente.

Algo similar ocurría con Sylvia Plath, aunque en su caso el sueño se transformó en un territorio intermedio entre descanso y creación. Durante los últimos años de su vida dormía pocas horas seguidas. Tomaba pastillas para conciliar el sueño y, cuando el efecto desaparecía hacia las cuatro o cinco de la mañana, se levantaba a escribir. En esas madrugadas silenciosas nacieron muchos de los poemas que luego formarían parte de su libro Ariel. Ese momento del día, cuando el mundo todavía está quieto y la mente no ha entrado del todo en la lógica de la mañana, era para ella un espacio especialmente fértil para la escritura.

La noche también era el refugio creativo de Pablo Picasso. Su rutina tenía poco de convencional. Se levantaba tarde, comenzaba a trabajar por la tarde y muchas veces regresaba al estudio cerca de las diez de la noche para pintar hasta las cuatro o cinco de la madrugada. El silencio nocturno le permitía concentrarse de una forma casi hipnótica. Para Picasso, la noche ofrecía algo que el día rara vez concedía: un espacio sin interrupciones donde la obra podía avanzar con total intensidad.

El caso de Wolfgang Amadeus Mozart muestra otra forma de tensión entre creatividad y descanso. Su vida profesional combinaba composición, clases, conciertos y encargos constantes. En algunas etapas se levantaba alrededor de las seis de la mañana, componía durante horas, enseñaba a sus alumnos por la tarde y volvía a trabajar por la noche. No era raro que terminara de escribir música cerca de la una de la madrugada. Ese ritmo dejaba apenas cinco horas de sueño.

Y luego está Honoré de Balzac, famoso por una rutina que parecía diseñada al revés del resto del mundo. Se dormía temprano, alrededor de las seis o siete de la tarde, y despertaba a la una de la madrugada para escribir durante horas. En ese horario invertido encontraba el silencio que necesitaba para producir novelas a una velocidad impresionante. Su combustible era el café, en cantidades que hoy resultarían alarmantes.

Cinco artistas. Cinco formas distintas de negociar con el sueño. En todos aparece una tensión constante entre descanso y creatividad. La mente quiere seguir trabajando cuando el cuerpo pide pausa. El silencio necesario para crear llega justo cuando deberíamos dormir.

Hoy sabemos mucho más sobre el descanso de lo que sabían estos artistas. También existen herramientas diseñadas específicamente para ayudar al cerebro a relajarse y a conciliar el sueño, incluso cuando la mente sigue llena de ideas.

Si tú también te reconoces en algo de estas historias, si el trabajo, la creatividad o simplemente el ruido del entorno hacen difícil dormir, hay tecnologías pensadas para mejorar ese momento que parece tan simple pero puede resultar tan complicado.

Los Soundcore Sleep A30, desarrollados por Anker, son audífonos diseñados específicamente para dormir mejor. Su función principal es crear un entorno de descanso más tranquilo: cuentan con cancelación activa de ruido que ayuda a reducir sonidos externos como tráfico o electrodomésticos, pueden reproducir ruido blanco y sonidos relajantes, y permiten analizar la calidad del sueño a través de una aplicación.

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También están diseñados para quienes duermen de lado, con un formato pequeño y plano que no molesta contra la almohada.

Aunque suena un poco alocado imaginar a estas mentes creativas usando audífonos para dormir, es inevitable preguntarse cómo habrían sido sus noches con un descanso más amable. No para cambiar su ritmo creativo ni borrar esas madrugadas donde surgieron tantas ideas, sino para acompañar mejor el momento en que el cuerpo finalmente necesita pausa.

Para Wolfgang Amadeus Mozart, que muchas veces dormía apenas unas cinco horas entre composiciones, clases y conciertos, un sueño más profundo habría hecho que ese breve descanso rindiera mucho más.

En el caso de Franz Kafka, cuya mente seguía trabajando incluso cuando intentaba dormir, un entorno silencioso y sonidos calmantes podrían haber ayudado a suavizar esas noches de ansiedad que tantas veces mencionó en sus diarios.

Algo parecido podría pensarse con Sylvia Plath, acostumbrada a despertarse de madrugada para escribir en ese delicado momento entre sueño y vigilia. Un ambiente más tranquilo habría acompañado mejor esa transición entre descanso y creatividad.

Para Honoré de Balzac, que se dormía temprano para despertar a la una de la mañana y escribir durante horas, bloquear el ruido del entorno habría sido una forma simple de mantener el silencio que tanto buscaba antes de volver al trabajo.

Y en el caso de Pablo Picasso, famoso por trabajar hasta la madrugada, aislar el ruido exterior al final del día probablemente habría sido una manera natural de cerrar sus largas jornadas creativas.

Hoy existen herramientas pensadas justamente para eso. Los Soundcore Sleep A30, desarrollados por Anker, son audífonos diseñados para dormir mejor: reducen ruidos externos, reproducen sonidos relajantes como ruido blanco o naturaleza y permiten analizar la calidad del sueño desde una app.

No se trata de romantizar la falta de sueño ni de condenarla como si fuera enemiga de la creatividad. Muchas ideas han nacido en noches largas. Pero si existe la posibilidad de descansar mejor y darle a la mente un sueño más profundo, vale la pena aprovecharla. A veces, cuidar el descanso también es una forma de cuidar la imaginación.


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Imagen de portada: Pinterest