La turbia relación entre el aguacate, el Super Bowl y el crimen organizado
Sociedad
Por: Yael Zárate Quezada - 02/04/2026
Por: Yael Zárate Quezada - 02/04/2026
El Super Bowl LX está por comenzar y, casi sin pensarlo, tu mano termina sobre un tazón verde. El guacamole aparece como parte natural del ritual, tan integrado al espectáculo como el himno, los anuncios millonarios o el show de medio tiempo. Comes, miras la pantalla, celebras o reclamas una jugada. Nada parece fuera de lugar.
Pero mientras sigues el partido, ese sabor cremoso del “Oro verde” es testigo silencioso de un ritual que mantiene una conexión con campos lejanos, carreteras vigiladas y territorios en disputa. Sin proponérselo, el Super Bowl expone la profundidad de una cadena de consumo que unifica entretenimiento, agroindustria y violencia.
Para esta edición LX del Super Tazón se estima una audiencia cercana a los 127 millones de personas, una cifra que lo coloca como un fenómeno cultural global. El partido insignia del fútbol americano a nivel mundial, funciona como una vitrina publicitaria, un espectáculo musical y un punto de encuentro doméstico donde la comida ocupa un lugar central.
En este sentido, la hegemonía mexicana en el mercado estadounidense del aguacate es incuestionable. Nueve de cada diez piezas que se consumen en Estados Unidos provienen de México, de acuerdo con datos del gobierno mexicano.
Sin México, no hay guacamole en el Super Bowl. La cercanía geográfica, las condiciones climáticas y la capacidad productiva consolidaron esta relación comercial, al grado de volverla estructural.
Michoacán encabeza la lista de producción del aguacate con el 73 por ciento del total nacional, seguido por Jalisco con un 12.2 por ciento. El resto se reparte entre otras entidades con participación menor.
Solo Michoacán produce alrededor de 3.8 millones de toneladas de aguacate al año, según cifras del gobierno estatal. Sin embargo, detrás del liderazgo productivo de Michoacán se vive un contexto de violencia persistente. La entidad enfrenta la presencia de múltiples grupos del crimen organizado que disputan el control territorial y las rentas económicas asociadas a actividades legales e ilegales.
Actualmente se identifican al menos cuatro grandes cárteles en pugna: el Cártel Jalisco Nueva Generación, Cárteles Unidos, La Familia Michoacana y La Nueva Familia Michoacana. A estos se suman diversas células criminales que operan a nivel local, con capacidad de intimidación directa sobre productores y empacadores.
No obstante, el propio Gabinete de Seguridad del gobierno federal ha reconocido la existencia de al menos cinco organizaciones criminales que extorsionan a productores de limón y aguacate en Michoacán. El secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, señaló que estas prácticas afectan la producción y reducen de forma directa las ganancias de los agricultores.
Las modalidades incluyen cobro de cuotas, control de rutas de transporte y amenazas constantes. El aguacate, lejos de ser solo un producto agrícola, se transforma en una fuente de financiamiento para estructuras criminales.
Mientras el Super Bowl LX concentra la atención de millones de personas frente a la pantalla, existe una cadena de entretenimiento global que se alimenta de economías locales vulnerables. Un evento que celebra el éxito, la abundancia y el espectáculo, sostenido en parte por un producto cuya historia reciente incluye amenazas, desplazamientos y crimen organizado.
Puede parecer un gesto inocente el consumo de guacamole durante un evento de esta magnitud, pero también refleja cómo el mercado global puede normalizar realidades incómodas. En un solo domingo, 127 millones de televidentes participan, quizá sin saberlo, en una dinámica donde el “oro verde” conecta el placer, el negocio y la violencia bajo una misma transmisión.