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"Importar mujeres jóvenes": la polémica propuesta de un alcalde en Corea del Sur para resolver la crisis de natalidad

Sociedad

Por: Carolina De La Torre - 02/10/2026

Un alcalde surcoreano fue expulsado de su partido tras sugerir "importar" mujeres extranjeras para enfrentar la baja natalidad, un comentario que reavivó el debate sobre migración, género y la forma en que las mujeres siguen siendo tratadas como recursos en sociedades modernas

La crisis demográfica de Corea del Sur no es nueva, pero en los últimos años se ha vuelto imposible de ignorar. El país tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo y, según diversas proyecciones oficiales, si la tendencia continúa, su población podría reducirse casi a la mitad antes de que termine el siglo. Frente a este escenario, el gobierno ha invertido miles de millones de dólares en incentivos, campañas y políticas para fomentar la maternidad y frenar el declive poblacional. Sin embargo, no todas las respuestas han sido precisamente sensatas.

Una declaración que encendió la polémica

La semana pasada, una declaración hecha en un foro público por Kim Hee-soo, alcalde del condado de Jindo, una zona rural al sur del país, encendió una polémica que rápidamente rebasó lo local. Durante una reunión municipal transmitida en vivo, el funcionario sugirió que una posible solución para el despoblamiento de las comunidades rurales sería “importar mujeres jóvenes” de países como Vietnam o Sri Lanka para que se casaran con hombres solteros de estas regiones.

La frase no solo fue recibida con indignación en medios y redes sociales surcoreanas, sino que provocó una reacción diplomática. La embajada de Vietnam en Seúl presentó una queja formal ante las autoridades, y el comentario comenzó a ser leído no como una torpeza aislada, sino como un síntoma de una forma de pensar que cosifica a las mujeres y trivializa la migración.

Disculpas oficiales y consecuencias políticas

El gobierno provincial de Jeolla del Sur, que supervisa el condado de Jindo, emitió una disculpa pública poco después. En su comunicado reconoció que el uso del término “importar” viola la dignidad humana y reduce a las mujeres a objetos intercambiables, algo que, subrayaron, no puede justificarse bajo ninguna circunstancia. El propio Kim Hee-soo también ofreció una disculpa, alegando que había elegido mal sus palabras y que su intención era hablar de políticas para apoyar la migración matrimonial en zonas rurales afectadas por la escasez de población y mano de obra.

Pero el daño ya estaba hecho. Este lunes, el Partido Democrático de Corea del Sur, al que pertenece el alcalde, decidió expulsarlo de manera unánime tras considerar que sus declaraciones fueron despectivas hacia mujeres extranjeras. Aunque Kim conserva su cargo como alcalde, la expulsión marca una sanción política clara y envía un mensaje sobre los límites del discurso público, incluso en contextos de crisis.

Matrimonios internacionales y una realidad ya existente

El trasfondo del debate es complejo. En Corea del Sur, los matrimonios entre ciudadanos locales y personas extranjeras, especialmente provenientes del sudeste asiático, no son algo nuevo. De acuerdo con datos del Ministerio de Justicia, en 2024 los ciudadanos vietnamitas representaron cerca del 23 % de los más de 181 mil inmigrantes que llegaron al país a través del matrimonio. Muchas de estas uniones se dan precisamente en zonas rurales, donde la población envejece y las oportunidades laborales y sociales son más limitadas.

Sin embargo, una cosa es reconocer esta realidad y otra muy distinta plantearla en términos de “importación”, como si se tratara de un recurso que puede trasladarse de un país a otro para resolver un problema interno. La indignación que generó el comentario no se explica solo por una palabra mal elegida, sino por lo que revela: una mirada utilitaria que reduce a las mujeres migrantes a soluciones demográficas, sin considerar su autonomía, sus derechos ni las condiciones estructurales que empujan tanto a la migración como al descenso de la natalidad.

Más allá de los números

Corea del Sur enfrenta una tasa de fecundidad alarmantemente baja. En 2024, el promedio fue de apenas 0.75 hijos por mujer, la cifra más baja a nivel mundial. Detrás de este número hay factores profundos: precariedad laboral, altos costos de vivienda, jornadas extenuantes, desigualdad de género y una carga desproporcionada del cuidado que sigue recayendo sobre las mujeres. Ninguna de estas causas se resuelve con soluciones simplistas ni con discursos que ignoran la dimensión humana del problema.

La controversia alrededor del alcalde de Jindo deja una pregunta incómoda sobre la mesa: qué tipo de sociedad se construye cuando la urgencia demográfica lleva a tratar a las personas como cifras, recursos o parches temporales. Más allá de las disculpas y sanciones, el episodio evidencia que el debate sobre la natalidad en Corea del Sur necesita ir mucho más allá de la reproducción y centrarse, de una vez por todas, en las condiciones de vida que hacen posible —o no— decidir formar una familia.

El problema que persiste, incluso cuando todo parece avanzar

Más allá del caso puntual, el episodio deja al descubierto una lógica que atraviesa a muchas sociedades contemporáneas. Aun en contextos que se asumen modernos y desarrollados, las mujeres continúan siendo leídas en función de su utilidad. Las que ya no encajan en los márgenes de la juventud suelen volverse invisibles o descartables dentro del relato social, mientras que las mujeres jóvenes son colocadas como trofeos simbólicos, asociadas a la fertilidad, la promesa de continuidad y, en el fondo, a una idea de dominio que sigue sin cuestionarse del todo.

Que este tipo de discursos emerjan en medio de debates sobre natalidad no es casual. Revelan que, pese a los avances legales, tecnológicos y económicos, persiste una mirada que reduce los cuerpos femeninos a herramientas para sostener sistemas en crisis. No se trata solo de palabras mal elegidas, sino de una estructura que, una y otra vez, coloca el valor de las mujeres en lo que pueden ofrecer antes que en lo que son.


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Imagen de portada: Báo Hànộimới