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La liberación de 44 bisontes en Cuatro Ciénegas marca un hito para la conservación en México y abre la posibilidad de regenerar un ecosistema que llevaba décadas deteriorándose

Durante décadas, el desierto chihuahuense cargó con la ausencia de uno de sus habitantes más potentes. El bisonte, ese cuerpo que parece mover la tierra cuando avanza, desapareció de Coahuila hace más de un siglo entre la cacería y la pérdida de su hábitat. Hoy, su regreso no es solo un acto simbólico: es una apuesta seria por restaurar un ecosistema que lleva años intentando rehacerse.

Una liberación que marca un antes y un después

La liberación de 44 bisontes americanos en la reserva ecológica El Santuario, en Cuatro Ciénegas, marca un momento histórico para México. No se trata de un espectáculo, ni de una postal del desierto. Es la tercera manada de conservación establecida en el país y quizá la más estratégica para entender cómo funciona un territorio que ha sido erosionado, sobrepastoreado y desertificado durante décadas.

El bisonte como ingeniero natural

El bisonte es más que una figura poderosa. Es un ingeniero natural capaz de transformar el paisaje. Su paso revuelve la tierra, rompe costras, permite que el agua penetre mejor y abre espacio para el rebrote vegetal. Al pastar evita la acumulación de pasto seco y, con ello, disminuye el riesgo de incendios. Su estiércol aporta fertilidad y su movimiento constante genera una especie de respiración en el suelo que ningún sistema artificial ha logrado replicar. En un entorno árido como Cuatro Ciénegas, esa influencia no es un detalle menor: es la diferencia entre un pastizal vivo y un terreno que se desmorona.

Una reintroducción con historia y estrategia

Gerardo Ruiz, director de la Fundación Pro Cuatro Ciénegas, explicó que la mayoría de estos 44 ejemplares provienen del rancho El Uno, en la Reserva de la Biósfera de Janos, el primer proyecto de conservación de bisontes en México y hogar de una manada que hoy suma alrededor de 500 individuos. La elección de El Santuario para la reintroducción no fue casual. Este territorio, que por años funcionó como rancho ganadero, quedó exhausto por el sobrepastoreo. La intención ahora es que el bisonte se convierta en una herramienta biológica para revertir ese desgaste. Un proceso lento, pero posible, si se combina el impacto de las pezuñas, la fertilidad del estiércol y una rotación adecuada que permita que el pastizal vuelva a levantarse.

Conservación que solo funciona si es en conjunto

Este esfuerzo forma parte de un trabajo conjunto entre la Fundación Pro Cuatro Ciénegas, el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, Cuenca Los Ojos AC y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. Es una alianza que entiende que la conservación no ocurre por voluntad aislada, sino por una coordinación que permita que las especies regresen con condiciones reales de permanencia.

Un paso que reconstruye memoria y territorio

La llegada de esta manada no solo recupera parte de la memoria ecológica del norte de México. También recuerda algo más amplio: los ecosistemas no se restauran con discursos, sino con decisiones que involucran tiempo, territorio y paciencia. El bisonte vuelve a caminar estas tierras, pero lo más importante es que, con cada paso, empieza a reconstruirlas.


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Imagen de portada: UANL