Recuperan el ARN más antiguo de un mamut y revelan cómo fueron sus últimos momentos
Ciencia
Por: Carolina De La Torre - 11/25/2025
Por: Carolina De La Torre - 11/25/2025
Hubo un momento en el que creíamos que el pasado tenía límites claros: huesos, fósiles, fragmentos que parecían incapaces de contarnos algo más allá de su forma. Pero la ciencia acaba de abrir una puerta inesperada. Un grupo de investigadores logró recuperar el ARN más antiguo jamás encontrado, proveniente de mamuts lanudos que murieron hace casi 40 mil años. Y lo interesante no es solo la hazaña técnica, sino la posibilidad de mirar, aunque sea un instante, los últimos latidos biológicos de animales extintos.
Este avance surge del estudio publicado por Cell y retomado en un artículo de The Washington Post. Ahí se explica cómo este hallazgo no solo desafía lo que sabíamos sobre la fragilidad del ARN, sino que reescribe la manera en que entendemos la vida —y muerte— de estas criaturas.
Durante décadas, el ADN fue el gran protagonista en la exploración del pasado. Su resistencia permitió reconstruir genealogías enteras de especies desaparecidas. Pero el ADN, por sí solo, es limitado: dice quiénes eran, no qué estaba pasando en ellos cuando murieron. El ARN, en cambio, es otra historia. Refleja qué genes estaban activos en los minutos finales, qué procesos estaban ocurriendo a nivel celular. Hasta ahora se asumía que el ARN se degradaba con demasiada rapidez como para sobrevivir siquiera unas horas. El hallazgo en Siberia demuestra lo contrario.
El reconocido diario The Washington Post ha reportado que un grupo de científicos han logrado secuenciar un ARN muy antiguo de un mamut lanudo de 39,000 años de antigüedad llamado Yuka, cuyas partes fueron hallados congelados en Siberia.😱🧪📰 pic.twitter.com/bvlkHk3Hdv
— El Nacional México (@ElNacionalMxOfi) November 15, 2025
Las muestras analizadas provienen de tejidos de mamuts lanudos preservados en el permafrost. Entre ellos estaba Yuka, un ejemplar joven que ya es célebre en los estudios paleogenómicos. Los investigadores recuperaron ARN de sus músculos y piel, y lo que encontraron va más allá de cualquier expectativa inicial. Aparecieron transcripciones vinculadas a contracción muscular, regulación metabólica y señales de estrés celular. Los especialistas explican que estas señales podrían corresponder tanto a los últimos momentos de vida de la célula como a un episodio previo de estrés intenso. Una posibilidad que se baraja —y que mantiene la cautela necesaria— es que Yuka estuviera huyendo de depredadores antes de morir. No se puede asegurar, pero la huella biológica está ahí.
El equipo también identificó microARN específicos del tejido muscular, fundamentales para entender cómo se regulaban ciertos genes en tiempo real. Uno de ellos, Mir-1, apareció con una mutación rara que suele encontrarse solo en elefantes y especies emparentadas. Lo relevante de este detalle es que confirma que las moléculas recuperadas pertenecen realmente a mamuts antiguos y no a alguna contaminación moderna. Un punto que, en investigaciones de este tipo, es indispensable.
Este descubrimiento no se queda en la emoción del hallazgo. Lo verdaderamente trascendente es lo que abre hacia adelante. La investigación sugiere que la combinación de ADN, ARN y proteínas podría ofrecer una imagen mucho más completa de cómo vivieron y murieron las especies del pasado. Y no solo hablamos de animales extintos: el ARN podría recuperarse de restos medievales, históricos, o incluso de organismos más simples como los virus. Aquí está una de las claves más interesantes: muchas pandemias cuyo origen desconocemos pudieron haber estado relacionadas con virus de ARN. Comprender su evolución a través del tiempo no solo enriquecería la ciencia, también ofrecería herramientas para anticipar y combatir enfermedades futuras.
Este logro nos recuerda que la historia de la vida no está escrita en piedra, sino en moléculas que aún pueden hablar. Incluso después de miles de años bajo el hielo.