«La voz de Hind Rajab»: el filme que preserva la memoria de una niña palestina
Arte
Por: Carolina De La Torre - 09/14/2025
Por: Carolina De La Torre - 09/14/2025
En el Festival de Venecia 2025 hubo una película que desbordó las butacas de lágrimas y silencio: La voz de Hind Rajab, de la cineasta tunecina Kaouther Ben Hania. Una obra que no solo fue aplaudida de pie durante 23 minutos, sino que también expuso, frente a los reflectores del cine, uno de los episodios más atroces de la guerra en Gaza.
Hind Rajab tenía seis años. El 29 de enero de 2024 quedó atrapada en un auto acribillado con los cuerpos de sus familiares. Con una voz frágil, suplicó durante horas a la Media Luna Roja que la rescataran. Nunca llegó la ayuda: el ejército israelí disparó más de 300 veces contra el vehículo y también asesinó a los paramédicos enviados a socorrerla.
Ese registro sonoro: la voz de una niña que no pedía otra cosa más que vivir; es el corazón de la película. Ben Hania reconstruye la historia desde el centro de operaciones de rescate, con actores que interpretan la desesperación del equipo, mientras en la pantalla resuena la voz real de Hind. La directora lo definió con crudeza: “Era la voz de la propia Gaza pidiendo ayuda”.
La película no inventa, no suaviza, no negocia. Está anclada en la verdad, como dijo la actriz Saja Kilani al presentarla: “La historia de Hind lleva el peso de todo un pueblo. No es solo suya, es la voz de cada madre, cada médico, cada paramédico arrebatado por la guerra”.
El impacto fue inmediato. Periodistas y espectadores quedaron conmovidos; muchos lloraban aún después de los aplausos. Actores como Joaquin Phoenix y Rooney Mara, productores ejecutivos del filme junto a Brad Pitt y Alfonso Cuarón, abrazaron al elenco tras la función.
Desde Gaza, la madre de Hind expresó a la prensa internacional su deseo de que esta película sirva para detener los bombardeos: “El mundo nos dejó morir en silencio. Ojalá ahora escuchen su voz”.
El cine no puede devolverle la vida a una niña de seis años, pero sí puede transformarla en eco, en memoria, en un grito imposible de ignorar. Y esa fue la fuerza que sacudió a Venecia.