Crianza sin red: el abandono del cuidado infantil en México frente al ejemplo de Canadá
Sociedad
Por: Carolina De La Torre - 07/11/2025
Por: Carolina De La Torre - 07/11/2025
Tener hijos en México no solo es una decisión emocional o biológica, también es económica. Y para muchas mujeres, directamente, es una decisión de supervivencia. En un país donde la maternidad suele vivirse en solitario, sin políticas públicas que acompañen realmente la crianza, el acceso a guarderías de calidad es casi un privilegio. Las opciones privadas son prohibitivas, y las públicas, cuando existen, están saturadas o mal distribuidas.
Por eso, no sorprende que, ante la falta de alternativas, los hijos terminen al cuidado de las abuelas, de vecinas, o incluso de sí mismos. Porque en México, conciliar el trabajo con la crianza muchas veces no depende de la voluntad, sino de la suerte: de tener una red familiar, de trabajar en una empresa que ofrezca apoyos o simplemente de vivir en una zona donde haya una guardería.
Mientras tanto, al norte del continente, Canadá está haciendo lo que aquí parece impensable: construir un sistema nacional de cuidado infantil asequible, público y funcional. Un modelo que permite a madres como Susanna Ibarra —quien vive en Ontario— pagar apenas 600 dólares canadienses al mes por la guardería de su hijo, cuando la tarifa habitual superaba los 1,200. Ese cambio no solo le permitió volver al trabajo, también mejorar su economía familiar sin dejar de cuidar a su hijo.
Desde 2021, el gobierno de Justin Trudeau lanzó un programa que busca que todas las guarderías participantes cuesten como máximo 10 dólares canadienses por día. Para lograrlo, se están creando 250,000 nuevos espacios, principalmente en centros públicos o sin fines de lucro. El enfoque es claro: garantizar que todas las familias, no solo quienes pueden pagar, tengan acceso a un cuidado digno para sus hijos.
En México, los datos son contundentes. Según el INEGI, más del 40% de las mujeres que abandonan el mercado laboral lo hacen por razones relacionadas con el cuidado de sus hijos o familiares. Muchas lo hacen sin opción, porque el salario no alcanza para pagar una guardería o porque, incluso trabajando, no pueden cubrir los horarios escolares.
Trabajo infantil en México: niños en Chihuahua pierden su infancia
— DW Español (@dw_espanol) October 20, 2020
La falta de recursos, guarderías y servicios del estado obliga a los recolectores a llevar a sus hijos a la cosecha. La mayor parte proviene de comunidades indígenas.#JusticiaSocialDW #DWNoticias /jam pic.twitter.com/xViJXy4PAb
Lo irónico es que México ya había tenido una red de estancias infantiles públicas, pero fue desmantelada con la promesa de combatir la corrupción y transferir el dinero directamente a las familias. Años después, los resultados no han sido alentadores. Sin infraestructura ni regulación, muchas mujeres quedaron sin opciones reales.
Mientras tanto, Quebec, provincia pionera del modelo canadiense, muestra que sí se puede: hoy, el 90% de las mujeres está en la fuerza laboral, y el PIB de la provincia es 1.5% más alto gracias a estas políticas. Los beneficios no solo son individuales o familiares; son económicos, estructurales y de largo plazo.
México no necesita copiar el modelo canadiense al pie de la letra. Pero sí puede tomar nota de una idea clave: invertir en cuidado infantil no es un gasto, es una base de justicia social y desarrollo económico. Porque cuando el Estado no cuida, la carga cae —una vez más— sobre los cuerpos, los tiempos y los sueños de las mujeres.
Y en un país donde millones de niñas y niños están creciendo sin acompañamiento institucional, sin espacios seguros ni estímulo adecuado, preguntarnos cómo y con quién se cuidan no debería ser una discusión secundaria. Es una conversación urgente, incómoda y necesaria.