Justicia de Estados Unidos buscará la pena de muerte para Luigi Mangione
Sociedad
Por: Mateo León - 04/01/2025
Por: Mateo León - 04/01/2025
Estados Unidos ha reabierto uno de sus debates más polarizantes con el anuncio de que buscará la pena de muerte para Luigi Mangione, acusado del asesinato de Brian Thompson, CEO de la aseguradora UnitedHealthcare. La decisión, tomada por la fiscal general Pam Bondi, ha sido descrita como una respuesta al "asesinato a sangre fría y premeditado" de una figura prominente del mundo empresarial. Pero más allá del caso puntual, esta acción plantea una cuestión más amplia: ¿la pena de muerte sigue teniendo lugar en una sociedad que se autodenomina civilizada?
El 4 de diciembre de 2024, Brian Thompson fue asesinado a tiros frente a un hotel en Nueva York. Días después, Luigi Mangione fue arrestado en Pensilvania tras una intensa búsqueda nacional. Hoy, Mangione, de 26 años, se encuentra detenido en una prisión federal y ha declarado no culpable.
La reacción del gobierno fue inmediata. Para la fiscalía, se trató de un ataque directo y planificado contra una figura de alto perfil. El mensaje es claro: la justicia actuará con la máxima severidad. Pero, ¿es esto justicia o una forma de venganza simbólica al sistema económico que Thompson representaba?
La pena de muerte en Estados Unidos ha sido progresivamente abandonada en varios estados, y a nivel federal se ha aplicado con cuentagotas. Su uso suele estar motivado por razones políticas, morales o mediáticas, especialmente en casos que afectan a figuras públicas o donde el "impacto social" se vuelve un factor clave.
En este contexto, aplicar la pena de muerte a Mangione podría ser visto como una forma de restaurar el orden simbólico ante un crimen que pone en cuestión la seguridad de las élites. No se trata solo de castigar al culpable, sino de reafirmar la inviolabilidad de ciertas figuras dentro del sistema.
Muchos críticos se preguntan si la pena de muerte realmente disuade el crimen o simplemente perpetúa una lógica de castigo que no resuelve las causas estructurales de la violencia. La aplicación desigual de esta medida, que afecta desproporcionadamente a personas pobres y racializadas, también pone en duda su legitimidad moral.
En este caso, el perfil del acusado y el de la víctima parecen invertir la narrativa típica. Y sin embargo, el procedimiento sigue la misma ruta: capturar, juzgar y castigar con toda la fuerza del aparato estatal. Pero el trasfondo sugiere que aquí no solo se está castigando un asesinato, sino defendiendo una estructura de poder.
El caso Mangione no es solo una tragedia personal, ni un episodio aislado de violencia. Es un espejo de las tensiones que atraviesan el sistema judicial y social de Estados Unidos. La decisión de buscar la pena de muerte, en pleno siglo XXI, obliga a replantearnos qué entendemos por justicia y a quién protege realmente el sistema.
Mientras el juicio se aproxima, queda abierta la pregunta esencial: ¿es la pena capital una expresión de justicia o un ritual moderno para proteger el orden simbólico del poder?