Corridos y poder: la peligrosa glorificación del crimen organizado
Sociedad
Por: Yael Zárate Quezada - 04/02/2025
Por: Yael Zárate Quezada - 04/02/2025
Así es como comienza Eric Hobsbawm su libro Bandoleros:
En la montaña y los bosques, bandas de hombres fuera del alcance de la ley y la autoridad (tradicionalmente las mujeres son raras), violentos y armados imponen su voluntad mediante la extorsión, el robo y otros procedimientos. De esta forma al desafiar a los que tienen o reivindican el poder, la ley y el control de los recursos, el bandolerismo desafía simultáneamente al orden económico, social y político.
El historiador inglés utilizó esta figura para hablar de aquellos forajidos que en distintas épocas desafiaron las estructuras de poder en busca de justicia social, riquezas o reconocimiento. Pero, ¿qué pasaría si esta misma figura fuera ya en sí misma la representación del ejercicio del poder en una sociedad consumida por la violencia?
Recientemente en México, durante un concierto de una agrupación musical conocida Los Alegres del Barranco se proyectó una fotografía de Nemesio Oceguera, el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), mientras la banda cantaba corridos del tipo de los que ensalzan figuras del crimen organizado, conocidos mediaticamente como "narco-corridos"
En una clara apología a la violencia, este tipo de música surgió en un contexto específico en México. Por una parte, el 5 de marzo se cumple un mes de que el colectivo Guerreros Buscadores encontró los restos de más de 500 personas en el Rancho Izaguirre de Teuchitlán, Jalisco y que conmocionó a la opinión pública tras revelarse que este espacio se utilizaba como un centro de entrenamiento y capacitación para futuros miembros del crimen organizado.
A la par, la presión de Estados Unidos sobre el gobierno mexicano para poner freno a los cárteles de droga, se ha mantenido como un tema constante y profundamente punzante, que ha generado que la administración de Donald Trump busque tener injerencia en las políticas de seguridad del territorio nacional.
Asimismo, Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México, ha puesto sobre la mesa una discusión que se venía cocinando desde hace tiempo: modificar las letras de los corridos tumbados para evitar que a través de la música se haga un elogio a la criminalidad. Con ello se busca que las andanzas del hampa en México no encuentren un cobijo dentro del imaginario juvenil mediante cantantes de moda y que en algunos casos, han sido amenazados por el narcotráfico. Incluso, el productor de la disquera Del Records y quien ha colaborado con Peso Pluma ha sido condenado por su participación en una red de tráfico de drogas.
De vuelta con Eric Hobsbawm y la figura del bandidaje, el historiador escribe que “la mayoría de los bandidos que han llegado a ser figuras auténticamente famosas en canciones y relatos son personas del ámbito y horizontes puramente locales” y añade una transformación desde el auge del capitalismo local.
En nuestra época, estas figuras se convierten en seres “dignos de admiración” por romper las leyes y mantener un estilo de vida de alto poder adquisitivo; sin embargo, lo que hay en los cimientos de este modus vivendi, se cierne sobre la lucha de clases que siempre termina poniendo por delante a las hijas e hijos de la clase obrera, campesina y trabajadora.
Hubo un tiempo durante la historia occidental cuando la lucha de clases se llegó a comparar con el bandolerismo. De hecho, el filósofo italiano Antonio Gramsci habló sobre esta distinción al señalar que “la lucha de clases se confunde con el bandolerismo, el chantaje, el incendio provocado de bosques, la mutilación del ganado, el secuestro de mujeres y niños, los ataques contra oficinas municipales”.
Si leemos estas acciones en un contexto actual, parecen más actos propios del crimen organizado que de una lucha organizada contra el poder impuesto. La distinción principal radica en que los grupos del crimen organizado no cometen estos actos desde la lucha social, sino por mantenerse competitivos dentro de un sistema capitalista que les obliga a ser “más”. Más agresivos, más sanguinarios, más territoriales, más poderosos y por supuesto más visibles.
Karl Marx definió la ideología como una "falsa conciencia", agregando además que la ideología de una época es la ideología de la clase dominante. Siguiendo ese concepto, llegó a escribir que, bajo dicha dominación estructural, las personas "no saben lo que hacen, pero lo hacen”. Varios años después, el filósofo esloveno Slavoj Zizek criticó esta noción marxista de ideología al proponer el concepto de “razón cínica”, donde la razón ya no es ingenua como planteaba Marx, sino hasta cierto punto consciente. Parafraseando la sentencia marxista, Zizek escribió: “Saben muy bien lo que hacen y sin embargo, lo hacen”.
Lo que ocurrió durante el concierto de Los Alegres del Barranco es un claro ejemplo de este tipo de ideología donde se identifica bien de dónde proviene y cuál es el fin de ese mensaje y aún así, quienes integran los espectros de las clases sociales las asimilan, las entienden y las aplauden, e incluso –en muchos casos– anhelan pertenecer a esta figura del forajido.
Por lo mientras, a Los Alegres del Barranco les quitaron la alegría y la visa para poder entrar a los Estados Unidos, mientras que Claudia Sheinbaum condenó que este tipo de actos ocurran y en caso de que sea sí, deben investigarse.
Imagen de portada: baja_show/Instagram