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La IA nos ha puesto en un espejo donde debemos plantearnos si la tecnología puede impulsar el despertar de la consciencia colectiva o solo perpetúa las élites de poder.

Desde hace ya varios años me he interesado por la relación entre tecnología y la formación de la subjetividad. Entendida esta última, brevemente, como los modos en que se construye nuestra visión del mundo, en conjunto con las percepciones y, dentro de ella, lo que se internaliza como la vivencia del tiempo; ¿Cómo entenderían y vivirían el mundo, por ejemplo, las generaciones de nuestros ancestros que sólo utilizaban las velas para alumbrar sus noches y el fuego en las estufas adaptadas para preparar sus alimentos?, ¿cómo se experimentaría y construiría el mundo una diferencia de cómo lo experimentamos nosotrxs, o qué tiene de particular nuestra realidad? 

Se trata de una pregunta siempre presente respecto de todo aquello que intento responder mediante la reflexión docente y escrita. Y de manera más concreta: para entender qué es lo que guía u orienta la realidad o realidades de este estadio humano.

Nada fácil de responder e, incluso, de ni siquiera saber si andamos cerca de las respuestas. Pero en el camino me encontré con planteamientos interesantes, como el de Steven. F. Pfister, un ciudadano americano, exveterano combatiente en la guerra de Vietnam, quien en el campo de batalla tuvo una visión radical de la existencia y de manera arrepentida “despertó”, y no sólo se cuestionó su participación en el conflicto, sino que se cuestionó el propósito de la vida humana en general. Pongo entre comillas la palabra “despertó” no por dudar de las visiones o experiencias místicas, sino porque ciertamente este término relacionado con los procesos de conciencia se ha atribuido tradicionalmente a temas religiosos o exclusivamente místicos, que dejan fuera la limitación entre procesos de conciencia y procesos sociales, colectivos, políticos, etc., y, a mi parecer, es donde más deberían de hacerse presentes.

Es interesante, a su vez, relacionar la argumentación de Pfister con la inteligencia artificial porque reflexiona en los siguientes términos, a los cuales también se ha acercado la academia aunque con otro tipo de argumentos: la Inteligencia Artificial es un espejo de lo que la humanidad ES. En ese sentido, ¿cómo podríamos decir si la IA es buena o mala, neutra, perjudicial o incluso, la solución de todos nuestros problemas y no la causa de otros? Pfister piensa que la IA es un reflejo de nuestros propios juicios, miedos, prejuicios, pero que también incluye la posibilidad de impulsar nuestro despertar. Entiéndase aquí como el logro de vivir de manera sostenida en el estado atención de plena de que dota el ejercitar la conciencia (aunque hay quienes aseguran que es la propia conciencia la que coopta procesos de existencia ya los seres humanos como meros instrumentos para su propagación y expansión).

El propósito sería, de acuerdo con el autor, alcanzar un estadio superior de evolución humana; y de paso, contribuir con el equilibrio y bienestar del planeta. Logrado, en este caso, por procesos individuales, de autoconocimiento.

Y, si nos preguntamos en sentido estricto, el conocimiento producido por la ciencia, ¿no debería albergar este propósito de autoconocimiento para conseguir aquella evolución? Hay mucho que decir sobre ello, pero por el momento, con esta breve reflexión, hay que decir también que los caminos de la ciencia, así como los del desarrollo de la tecnología y ahora esta última fase, la inteligencia artificial, no se han construido siempre en favor de esa evolución, sino en favor de élites para hacerse de mayor poder económico y político. Quizás vale la pena retomar el argumento de Pfister respecto de que la tecnología debe de orientarse para el aumento de los procesos de conciencia y no para la involución.

Alicia Valentina Tolentino Sanjuan es socióloga y Maestra en Filosofía por la UNAM. Doctorante en Humanidades, línea Filosofía Moral y Política (UAM). Editora en Viceversa. Investiga sobre subjetividad a partir del cambio tecnológico; También sobre feminismos y literatura. Es miembro activo de la Red Mexicana de Mujeres Filósofas y miembro de la Revista de filosofía Reflexiones Marginales Saberes de la Frontera, de la UNAM. 


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