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«Tijuana, todavía»: una historia queer sobre migración, identidad y pertenencia (ENTREVISTA)

Arte

Por: Jonathan Flores - 08/12/2026

En entrevista con Pijama Surf, Gabriel Gutiérrez Morales, director de «Tijuana, todavía», nos habla sobre la perspectiva sobre la ciudad que quiso imprimir en su cinta

Tijuana ha sido retratada en numerosas ocasiones desde la violencia, el narcotráfico y su condición fronteriza. Tijuana, todavía, ópera prima de Gabriel Gutiérrez Morales, propone otra mirada sobre la ciudad: una historia queer donde la frontera forma parte de la vida de sus personajes, pero no define por completo su identidad.

La película sigue a "Chava", interpretado por Humberto Busto, un hombre cercano a los cincuenta años que conoce a Maksim, un joven ruso interpretado por Petr Filimonov, quien llega a Tijuana después de abandonar su país ante la persecución contra las personas LGBTQ+. El encuentro entre ambos, pertenecientes a generaciones y contextos distintos, da paso a una relación marcada por la migración, la libertad y la necesidad de encontrar un lugar al cual pertenecer.

Para Gutiérrez Morales, contar una historia distinta sobre Tijuana surgió de su propia experiencia. El director nació en la ciudad y vivió ahí durante 23 años, por lo que la imagen que encontraba fuera de ella muchas veces contrastaba con sus recuerdos.

“Cuando digo que soy de Tijuana, la mayoría de la gente alza las cejas y pregunta si realmente es tan peligroso. ¿Dónde están esas historias que no se cuentan?”, cuestionó.

Esa pregunta terminó por convertirse en uno de los motores de la película. Aunque la violencia y la condición fronteriza forman parte de la historia, el director buscó alejarse de la imagen casi mítica que suele acompañar a la ciudad.

“Yo pienso en esta Tijuana y no la encuentro”, señaló.

Una película que nació como un juego

El proyecto comenzó con conversaciones entre Gutiérrez Morales y Busto sobre qué tipo de personaje podía interpretar el actor y qué historia querían contar juntos. La posibilidad de realizar el largometraje tomó fuerza cuando el proyecto fue seleccionado por Biennale College Cinema, programa de La Biennale di Venezia que otorgó 200 mil euros para su producción.

Para Busto, quien también asumió la producción, el proceso representó un salto importante en su carrera.

“Ha sido como estudiar una maestría de cine, producción y desarrollo durante un año. La vida nos cambió con este programa”, explicó.

El presupuesto y el calendario representaron uno de los principales retos. La película tuvo que realizarse con alrededor de 3.5 millones de pesos y un periodo muy reducido para escritura, rodaje y postproducción.

“Cuando no tienes dinero, lo que más necesitas es tiempo. Dependemos de la ayuda y de la colaboración de mucha gente”, explicó Busto.

El productor también destacó el trabajo del equipo de Tijuana, cuya participación permitió completar la película bajo esas condiciones. “Es una película de todos, hecha desde Tijuana. Me encanta que la voz de Gabriel sí sea de Tijuana y que todo el mundo se sienta orgulloso con el resultado”.

Migración y libertad

Para Petr Filimonov, interpretar a Maksim tuvo una dimensión personal. El actor ruso también ha experimentado el proceso migratorio y considera que la película le permitió hablar sobre situaciones que afectan a las personas LGBTQ+ en su país de origen.

“Siempre fue muy importante para mí hablar sobre estos temas y no quedarme callado”, afirmó.

Filimonov explicó que, durante su proceso de inmigración en México, llegó a preguntarse si había valido la pena abandonar Rusia. La película terminó por darle una respuesta.

“Gracias a esta película entendí que sí. Todo mi camino me llevó hasta aquí y ahora tengo la oportunidad de hablar de estas cosas a través del arte”.

El actor espera que la cinta también pueda llegar a personas queer que permanecen en Rusia y que viven bajo un contexto de persecución.

“Espero que algún día ellas también puedan ver esta película y sentirse acompañadas”.

Venecia como comienzo

El estreno en el Festival de Venecia representa un momento decisivo para la película, aunque Busto prefiere entenderlo como el inicio de un recorrido más amplio.

“Para mí Venecia no es la cima, es el kick-off. Quiero que esto sea el primer escalón para lo que sigue”.

El siguiente reto será encontrar espacios de distribución que permitan que Tijuana, todavía llegue a públicos más amplios. Busto explicó que algunas agencias de ventas han señalado que el mercado queer suele buscar historias más juveniles, eróticas o cercanas al entretenimiento comercial.

“Nos han dicho que la película tiene muchos valores humanos, emocionales y sociales, pero que el mercado queer fuera de los festivales no quiere ver esas historias”.

Para el equipo, esa situación plantea una discusión sobre qué tipo de historias LGBTQ+ tienen espacio dentro de la industria.

“Queremos hablar de personas LGBT reales, a las que les pasan cosas reales. Tenemos que encontrar a los aliados adecuados para que la película tenga su viaje fuera de Venecia”.

Tijuana, todavía parte de una ciudad fronteriza para hablar de algo que trasciende sus límites: la posibilidad de que dos personas con historias completamente distintas encuentren en el otro una forma de acompañamiento y libertad.

Su paso por Venecia representa apenas el primer capítulo de una película que busca demostrar que Tijuana también puede ser escenario de historias de amor, identidad, migración y pertenencia.


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Imagen de portada: Especial