*

Frankenstein reinventado: cuatro películas que transforman al monstruo romántico en ícono pop

Arte

Por: Carolina De La Torre - 08/31/2025

Desde la nostalgia gótica hasta el absurdo más extremo, estas reinterpretaciones del clásico de Mary Shelley muestran al icónico monstruo bajo nuevas luces y perspectivas.

Frankenstein es mucho más que un monstruo de tornillos y un par de cicatrices. Es el eco de una pregunta eterna: ¿qué significa crear vida y hasta dónde llega la responsabilidad del creador? La novela de Mary Shelley, publicada en 1818, no solo inventó la ciencia ficción moderna, también dio cuerpo al miedo más humano: que lo que amamos y construimos se convierta en aquello que nos destruye. Con el tiempo, la criatura dejó de habitar únicamente en el terreno gótico para transformarse en un ícono pop, capaz de mutar entre culturas, estilos y géneros.

Ese es el verdadero poder de Frankenstein: su maleabilidad. El monstruo se vuelve japonés, adolescente ochentero, perro gótico o novia grotesca según quién lo mire. Y ahí es donde aparecen estas cuatro películas que, lejos de repetir el mito clásico, lo reinventan con una fuerza que mantiene vivo su legado.

Frankenstein Conquers the World (1965)

En plena Guerra Fría, Japón decidió apropiarse del mito y llevarlo al terreno del kaiju. Frankenstein Conquers the World, dirigida por Inoshiro Honda, es un delirio pulp donde el corazón inmortal del monstruo viaja desde experimentos nazis hasta Hiroshima, mutando en un gigante que crece descontrolado tras la bomba atómica. Aquí, Frankenstein no es solo una criatura, sino una metáfora nuclear: el hijo de la ciencia, la guerra y la ambición desmedida. El estilo visual es puro cine de monstruos japoneses, con efectos prácticos que hoy tienen un encanto brutal. Verla es asomarse a cómo Oriente reinterpretó un mito gótico occidental, convirtiéndolo en símbolo del trauma atómico.

 

Lisa Frankenstein (2024)

Con estética ochentera, humor ácido y un guion de Diablo Cody (Jennifer's Body), Lisa Frankenstein es un cóctel adolescente que mezcla comedia romántica con horror pop. Dirigida por Zelda Williams, la película sigue a Lisa, una chica gótica de 1989 que revive accidentalmente a su crush victoriano. El resultado es una historia de amor absurda, sangrienta y colorida, donde el monstruo deja de ser amenaza para convertirse en objeto de deseo. Más que una parodia, es un comentario irónico sobre la soledad juvenil, la construcción de la identidad y el derecho a reescribir tus propios monstruos. El mito clásico se convierte aquí en un juego estético y feminista, donde el cuerpo revivido ya no aterra: acompaña.

 

Frankenhooker (1990)

Si Frankenstein siempre fue una historia de tragedia, Frankenhooker se ríe de todo eso. El director, Frank Henenlotter lleva la idea de “revivir a un ser querido” al terreno de la comedia negra más grotesca: un científico amateur reconstruye a su novia con partes de trabajadoras sexuales, dando vida a una criatura delirante y desbordada. Es gore absurdo, lleno de diálogos disparatados y un humor tan incómodo que se volvió de culto. Aquí, el monstruo no inspira compasión ni miedo, sino carcajadas y repulsión. En el fondo, la película subraya lo ridículo de la obsesión masculina por controlar cuerpos y crear “la mujer perfecta”. Una parodia brutal que, en su exceso, revela otra cara del mito.

 

Frankenweenie (2012)

Tim Burton, en cambio, devuelve al mito la ternura original. En Frankenweenie, un niño revive a su perro Sparky en un relato de stop-motion en blanco y negro que homenajea tanto a los monstruos de Universal como a la sensibilidad gótica. Aquí la creación no es un error ni un acto de ambición, sino un gesto de amor desesperado. El monstruo es entrañable, la estética es melancólica y la historia conecta con la infancia y el miedo a la pérdida. Burton demuestra que Frankenstein no siempre tiene que ser un relato de horror; también puede ser una historia íntima sobre lo que significa dejar ir.

 

Cada una de estas películas toma al monstruo y lo disloca hacia otro terreno: la metáfora nuclear, la comedia adolescente, la sátira grotesca o la fábula infantil. En todas, sin embargo, late la misma pregunta que Mary Shelley lanzó hace más de dos siglos: ¿qué hacemos con lo que creamos?

Frankenstein es un espejo. A veces nos muestra la tragedia de la ciencia y la guerra, a veces el absurdo de nuestros deseos, otras la ternura de nuestra vulnerabilidad. Eso explica por qué sigue vivo: porque el monstruo siempre puede reconstruirse, tal como lo hacen estas películas que lo arrancan del gótico clásico para reinventarlo en clave pop.


También en Pijama Surf: «Bugonia»: todo sobre la película de Yorgos Lanthimos y Emma Stone que llega este 2025


Imagen de portada: «Frankenstein Conquers the World», Inoshiro Honda (1965)