Fernanda Monroy y "Suficiente": actuar y producir una obra sobre la exigencia de ser valiosos (ENTREVISTA)
Arte
Por: Juan Pablo Carrillo Hernández - 07/02/2026
Por: Juan Pablo Carrillo Hernández - 07/02/2026
Hay obras que se habitan una sola vez y otras a las que se regresa para descubrir algo distinto. Ese es el caso de Fernanda Monroy, quien vuelve a Suficiente en su segunda temporada, pero ahora desde un lugar nuevo: además de productora, asume el papel de actriz, un rol que no tuvo en el montaje original, cuando su participación estaba tras bambalinas. Conversamos con ella sobre este proceso y sobre la obra, escrita y dirigida por Aída del Río, que se presenta del 25 de junio al 19 de julio en el Teatro El Milagro.
Antes de ser un montaje teatral, Suficiente fue una intuición clínica. La obra nació como idea original de Claudia "Chuff" González, psicoterapeuta Gestalt y productora teatral que desde hace años utiliza las artes escénicas como herramienta para explorar la salud mental, particularmente entre adolescentes y sus entornos. En su consultorio, "Chuff" comenzó a notar un patrón: los jóvenes necesitaban expresar su malestar psicológico, pero muchas veces lo hacían de manera indirecta, casi disfrazado bajo la forma de una "lista de deseos". A partir de esa observación, la obra decidió nombrar estos conflictos como "problemas heredados": heridas que se transmiten de generación en generación y que, para sanar, necesitan actualizarse a las circunstancias del presente.
Esa premisa clínica se traduce, en escena, en una ficción especulativa no muy lejana. La obra imagina un México en el año 2038, donde el gobierno lanza el programa "Jóvenes para el Futuro": una iniciativa que obliga a seis jóvenes a convivir durante un mes en un departamento asignado por el Estado, con la promesa de obtener, al final, un título que acredite su valor como ciudadanos. Entre el encierro, la presión familiar y las expectativas sociales, cada personaje intenta responder a la misma pregunta de fondo: ¿quién soy yo más allá de lo que el sistema exige que sea? Fernanda da vida a Luisa, una joven de contexto socioeconómico privilegiado que, sin embargo, creció con carencias profundas de amor, sin sentirse realmente vista ni escuchada. Junto al personaje de Andrés, Luisa pone en cuestión la fantasía de "tenerlo todo", esa idea que suele reducirse a lo material y que, en el fondo, deja fuera las necesidades humanas de afecto y emocionales. El reto actoral para ambos personajes consiste en salir de su burbuja para descubrir que merecen ser amados y que, al mismo tiempo, son capaces de dar amor.
Detrás de esta historia hay un trabajo de escritura profundamente colectivo. Aída del Río fue quien le dio su forma final al texto, pero llegó a ella a través de talleres, borradores y revisiones constantes con todo el equipo. Ese proceso de preparación duró año y medio antes de que la obra llegara al público, y Fernanda lo recuerda como una suerte de "tallereo emocional": sesiones en las que el elenco compartió experiencias personales, aprendió de sí mismo y de los demás, y encontró en ese intercambio una experiencia tan creativa como sanadora. Con el tiempo, los personajes que surgieron de esas sesiones se fueron reduciendo a arquetipos, punto de partida desde el cual comenzaron las improvisaciones. El equipo complementó este trabajo con investigación de campo en centros de rehabilitación y con testimonios de adolescentes reales, un acercamiento que se facilitó gracias a que Aída del Río también es profesora de teatro para jóvenes.
Si hay un concepto que atraviesa toda la obra, ese es el de la exigencia. "No hay una sola persona creciendo que sienta que es suficiente lo que hace", afirma Fernanda, y a partir de esa certeza describe una especie de exigencia intergeneracional que involucra a amigos, maestros, padres y colegas de trabajo: una demanda instalada en la cultura y en la sociedad que termina por generar una insatisfacción difícil de nombrar. Frente a ese diagnóstico, el mensaje que propone la obra es, en el fondo, muy simple: permitirse ser escuchados, y preguntarse honestamente cómo nos permitimos ser vistos por los demás.
Para Fernanda, "Suficiente" tiene sentido en la medida en que abre una conversación que muchas veces se evita: la de la salud mental, dicha en voz alta y sin miedo. Espera que quien la vea salga con la certeza de que no está solo, y con una inquietud genuina por aprender a mirar, tanto a sí mismo como a los otros, porque —dice— escucharnos de verdad podría generar mejoras sistémicas mucho más amplias de lo que imaginamos. Lo resume así: "Ser humano primero y luego todo lo demás."
Fernanda agradece especialmente al Teatro El Milagro por el espacio y la confianza que hicieron posible este proyecto.