No hay revoluciones sin liberar prisiones y ciertamente la de la Bastilla fue una de las más emblemáticas en la historia moderna. Por moderna nos referimos a la época de la Modernidad, ese periodo comprendido a finales del siglo XVIII y que dio pie a grandes cambios como la industrialización.
Los muros de la Bastilla fueron la morada de personajes célebres, opositores al reinado de Luis XVI, políticos, intelectuales e incluso el Hombre de la máscara de hierro –que al día de hoy su identidad sigue siendo desconocida—.
Pero lo que nos vuelve a reunir hoy –a mí las manos y a usted los ojos– son los libros que se lograron escribir en esta prisión fortificada con 30 cañones, celdas húmedas, aislamiento y roedores corriendo entre los pies. Aunque ciertamente los aristócratas y pensadores encerrados ahí no eran tratados de la misma forma, quizá eso fue lo que les permitió escribir algunas de sus obras más destacadas.
Para el 14 de julio de 1789, día de su célebre toma, la prisión albergaba únicamente a siete personas: cuatro falsificadores, dos enfermos mentales y un aristócrata acusado de incesto.
El libro más famoso escrito en la Bastilla es Los 120 días de Sodoma, redactado por Donatien Alphonse François, el Marqués de Sade en 1785. Llegó a la prisión en 1784, trasladado desde el castillo de Vincennes. Su encierro fue la consecuencia de una acumulación de escándalos: un lettre de cachet o carta sellada, gestionado por su suegra, Madame de Montreuil, lo mantuvo recluido durante años a raíz de sus excesos sexuales y de episodios como el llamado "caso de Marsella", donde se le acusó de envenenamiento y sodomía tras una velada con prostitutas.
Durante su largo encierro, escribió esta obra de forma clandestina en un rollo de papel de más de 12 metros de longitud.
Los 120 días de Sodoma narra el retiro de cuatro libertinos poderosos a un castillo aislado, donde someten a un grupo de víctimas a un catálogo creciente de vejaciones sexuales y violencia, estructurado como un inventario casi matemático de perversiones. Más allá del contenido explícito, la obra funciona como un ataque frontal a la moral religiosa y aristocrática, y se considera hoy un texto fundacional para pensar los límites entre el deseo, el poder y la crueldad.
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Cabe mencionar que no fue el único texto que logró redactar durante su estadía aquí. Otros textos clave que el autor logró redactar durante su estancia en esta prisión incluyen:
Años antes, pero en el mismo siglo, el filósofo francés Voltaire —cuyo nombre real era François-Marie Arouet— pasó casi un año en la prisión de la Bastilla, entre 1717 y 1718. El motivo de su arresto fue la publicación de versos satíricos que acusaban al regente Felipe II de Orleans de mantener una relación incestuosa con su hija; la orden de encierro llegó directamente del propio duque.
Durante los once meses que pasó recluido, Voltaire aprovechó el tiempo para estudiar y dar forma a Edipo, su primera tragedia, inspirada en el mito griego de Edipo Rey pero reescrita con un lenguaje que cuestionaba el poder absoluto y la hipocresía de las cortes. La obra se estrenó en la Comédie-Française poco después de su liberación, en 1718, y su éxito inmediato lo consolidó como una de las voces más filosas del pensamiento ilustrado francés.
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