«Moscas» la primera película mexicana que MUBI lleva a cines latinoamericanos
Arte
Por: Carolina De La Torre - 04/13/2026
Por: Carolina De La Torre - 04/13/2026
Una mujer que vive sola, encerrada en rutinas inalterables. Un hombre que renta un cuarto y mete a escondidas a su hijo de nueve años. Ese es el punto de partida de Moscas, lo nuevo de Fernando Eimbcke (Temporada de patos, Club Sándwich). Y con esa simple premisa, la película ya ganó un lugar en la Competencia Oficial del Festival de Berlín y ahora se prepara para inaugurar el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) el próximo 17 de abril.
Pero más allá de los reflectores, Moscas tiene un par de detalles que la vuelven interesante: está filmada completamente en blanco y negro, y es la primera película mexicana que MUBI estrenará en cines de toda Latinoamérica. No solo en streaming. En salas. Ese movimiento, para una distribuidora nacida en el universo digital, dice algo sobre la apuesta que están haciendo por el cine de autor en la región.
Olga, el personaje de Teresita Sánchez (La Camarista, Tótem), habita un enorme multifamiliar. Ahí lleva una vida que podría describirse como ordenada, pero que en realidad es una fortaleza contra cualquier vínculo. Cuando la necesidad económica la obliga a rentar un cuarto, aparece un hombre (Hugo Ramírez) que, a escondidas, mete también a su hijo de nueve años, interpretado por Bastian Escobar en su debut actoral.
El conflicto es sencillo y a la vez brutal: Olga enfrenta lo que más miedo le da, que es justo lo que cualquier persona encerrada necesita. Conexión. El niño, sin saberlo, se convierte en el ariete contra sus murallas.
Eimbcke lo dice mejor que cualquier sinopsis:
“En Moscas, un niño de nueve años transforma el universo de Olga, una mujer paralizada por el miedo al contacto humano. En el set, transformó al crew completo, recordándonos que hacer una película debería ser un juego –y para un niño, el juego es un asunto profundamente serio. Los niños no necesitan imágenes ni diálogos poéticos; son poéticos en su mera existencia.”
La fotografía es de María Secco, y el blanco y negro no es un capricho estético. En las películas de Eimbcke, la ausencia de color suele funcionar como un filtro emocional. Aquí, el contraste entre luces y sombras probablemente subrayará la rigidez de Olga frente a la desordenada vitalidad del niño. Además, la banda sonora corre a cargo de Camilo Lara, que no es exactamente sinónimo de sobriedad. Habrá que ver cómo se mezcla su energía con el tono pausado del director.
El guion lo escribió Eimbcke junto con Vanesa Garnica, y la producción está en manos de Eréndira Núñez Larios y Michel Franco, a través de Teorema y Kinotitlán. Coproducen K&S Films y Nephilim Producciones. Un equipo que ya sabe moverse entre el cine de autor y el público exigente.
La película compitió por el Oso de Oro en la Berlinale de febrero, y ahora será la gala inaugural del FICG 41, el viernes 17 de abril en el Auditorio Telmex Zapopan. Ese es el preámbulo. El estreno comercial en cines de México y Latinoamérica llegará en el segundo semestre de 2026, distribuido por MUBI.
Y ese dato no es menor. MUBI, conocida por su plataforma de streaming curada, está apostando fuerte por la pantalla grande en la región. Que su primer estreno mexicano en cines latinoamericanos sea una película en blanco y negro sobre una mujer que le huye a los vínculos es, cuando menos, una declaración de principios. No buscan taquillazos. Buscan otro tipo de conversación.
Moscas llega con el prestigio de un director que ya demostró saber contar mucho con poco. Pero también con el riesgo de que su estilo pausado y minimalista —tan celebrado en Temporada de patos— pueda sentirse reiterativo. La irrupción de un niño como catalizador emocional no es un recurso nuevo en el cine. La diferencia estará en si Eimbcke logra que esa relación no caiga en el paternalismo fácil o en la redención barata.
Por lo pronto, la cinta promete un retrato incómodo de la soledad contemporánea, esa que no es trágica ni heroica, sino simplemente paralizante. Y un niño que, sin pedir permiso, llega para recordar que el juego también es cosa seria.