El misterio de los científicos desaparecidos en Estados Unidos
Sociedad
Por: Carolina De La Torre - 04/22/2026
Por: Carolina De La Torre - 04/22/2026
Una decena de científicos estadounidenses vinculados a programas nucleares, aeroespaciales y de defensa han muerto o desaparecido en los últimos tres años. Las circunstancias varían: algunos se esfumaron sin dejar rastro, otros fueron asesinados en tiroteos, unos más aparecieron muertos en lagos o en sus propias casas sin explicación clara. La Casa Blanca acaba de romper el silencio y ya investiga si hay un patrón.
El presidente Donald Trump lo resumió con una frase que no tranquiliza a nadie: “Espero que sea algo aleatorio, pero lo sabremos en la próxima semana y media”.
De los diez casos documentados, cinco científicos simplemente desaparecieron. Dejaron atrás teléfonos, carteras, llaves y hasta autos. Como si se hubieran levantado de la mesa y nunca hubieran vuelto.
El caso más llamativo es el del mayor general retirado de la Fuerza Aérea, William "Neil" McCasland, de 68 años. Desapareció de su casa en Albuquerque el 27 de febrero de 2026. Dejó su teléfono, pero se llevó la cartera y un revólver .38. La policía dijo que no había señales de desorientación. Un teniente comentó algo que suena a guión de película: “Podría decirse que seguiría siendo la persona más inteligente de la sala”.
Monica Jacinto Reza, directora de un grupo de investigación en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, desapareció en junio de 2025 mientras hacía senderismo en un sendero muy transitado de California. Su acompañante dijo que se distrajo "solo unos instantes" y ella ya no estaba.
Steven Garcia, contratista del gobierno vinculado al arsenal nuclear de EE.UU., salió de su casa en agosto de 2025 sin teléfono, billetera, llaves ni auto. Melissa Casias y Anthony Chavez, ambos del Laboratorio Nacional de Los Álamos, desaparecieron en Nuevo México con pocas semanas de diferencia en 2025, dejando atrás pertenencias y vehículos.
La otra mitad de la lista tiene finales más violentos o inexplicables.
Nuno Loureiro, físico de plasma del MIT y experto en fusión nuclear, fue asesinado a tiros en su casa de Massachusetts en diciembre de 2025. Dos meses después, Carl Grillmair, astrónomo de Caltech especializado en telescopios infrarrojos de la NASA, corrió la misma suerte frente a su casa en una zona rural de California. Las autoridades tienen sospechosos, pero no han vinculado oficialmente los crímenes con su trabajo.
Jason Thomas, investigador farmacéutico de Novartis, desapareció en diciembre de 2025 y su cuerpo apareció en un lago de Massachusetts en marzo de 2026. Frank Maiwald y Michael Hicks, ambos veteranos del JPL de la NASA, fallecieron en 2024 y 2023 respectivamente. Las causas de sus muertes no se hicieron públicas.
La lista no para de crecer. El nombre más reciente que se sumó al expediente es el de Amy Eskridge, una científica de 34 años especializada en tecnología antigravedad e investigaciones sobre fenómenos aéreos no identificados (OVNIS). Fue hallada muerta en su casa de Huntsville, Alabama, en junio de 2022.Oficialmente fue un suicidio. Pero antes de morir, Eskridge denunció amenazas, acoso y ataques con armas de energía dirigida. Dijo una frase que hoy duele más:
“Si te arriesgas en público, al menos alguien se dará cuenta si te cortan la cabeza. Si te arriesgas en privado, te enterrarán. Quemarán tu casa mientras duermes en tu cama y ni siquiera saldrá en las noticias.”
Un exoficial de inteligencia británico investigó su caso por cuenta propia y concluyó que no fue suicidio. Envió sus hallazgos al Congreso en 2023. El instituto que fundó Eskridge cerró y su sitio web fue desactivado, pero sus documentos sobre antigravedad comenzaron a circular en internet.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo que la administración no dejará "ninguna piedra sin remover". El representante Eric Burlison, miembro del Comité de Supervisión de la Cámara, ya habló de "coincidencias demasiado sospechosas". Su hipótesis: los científicos tenían acceso a información clasificada sobre defensa, aeroespacial y ovnis. Y detrás podrían estar China, Rusia o Irán.
Trump, por su parte, prefirió culpar a su antecesor: acusó a Joe Biden de "abrir tanto las fronteras" que "no es tan difícil llegar a Estados Unidos". Una explicación que suena más a campaña que a investigación seria.
Hasta ahora, ninguna agencia federal ha confirmado una relación directa entre los casos. El FBI está revisando los expedientes, pero no ha dado declaraciones. La Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA) dijo que investiga los reportes relacionados con sus empleados.
Mientras tanto, la lista sigue abierta. Once nombres. Acceso a información sensible. Muertes violentas o desapariciones inexplicables. Puede ser una macabra coincidencia. Puede ser algo más. Lo único seguro es que, por ahora, nadie en Washington tiene una respuesta clara.