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En términos filosóficos, ¿qué ofrece la doctrina cristiana de la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a las personas irreligiosas o ateas del siglo XXI? ¿Por qué nos habla del amor como de una persona? ¿Es la Trinidad teología o metafísica romántica?

Para Elisabeth, Germán, Marcos y Bryan.

 

La Trinidad es la carta de presentación del cristianismo. ¿Monoteísmo hebreo para los paganos del mundo? ¿Politeísmo y filosofía helénica que contaminaron a las culturas semitas? Ni lo uno ni lo otro. ¿La conclusión de un concilio ecuménico del siglo IV, encargado a los obispos por el emperador de Roma y fundador de Estambul? Tampoco, esta propuesta teológica tomó forma siglos antes entre mártires y pobres. Ya era al menos una imagen teológica en la Torá, los tres ángeles que visitaron a Abraham y Sarah. También las trinidades en religiones de Egipto, China o la India. Una imagen sobre dos que son uno, y dos que son tres o su amor.

Sí, la Trinidad es también la carta de presentación del amor. Es una transteología porque niega el sí mismo de Dios. No un yo o dos, uno u otro, sino tres y ninguno, porque el yo de Dios es el amor y el yo del amor es una experiencia, la soberanía y la disolución erótica del ego. Por eso la Trinidad también es la trascendencia del erotismo. Es la ubicuidad del cuerpo, que se siente inmaterial por estar enamorado, por vivir más en otro, más esperándolo, más aceptando la distancia con el encuentro, que otro viva. El amor romántico es una conversión del valor de la propia mirada en el de los ojos de quien amamos. Y esa caridad, uno de los dones cristianos, acepta la tercera mirada del amor.   

La Trinidad no es panteísmo. Dios no es cada cosa en el todo, y el todo no forma parte del todo, como el amor no es distinto ni igual a los amantes. La Trinidad se refiere a esta verdad o, más bien, es la verdad. No es una descripción de Dios cierta, la verdadera descripción. No es la correspondencia de una cosa con su nombre o concepto. No, es la supremacía de lo empírico, la Trinidad te hace cambiar, el amor te cambia como cambia Dios, el eterno amor. Ese es el gran proceso de lo que no quiere ser ni igual ni distinto. Solo es cierto, no cuando dices amar a alguien, sino cuando el amor lo dice:

El Padre bíblico o la Madre, términos filiales que ayudan a pensar en la fuente de todas las cosas desde nuestra propia genealogía, en la identidad de la eternidad, en el Ser que es la Nada, no otro ser por superior que sea, sino la creación, lo nuevo en su propio origen, es amor porque es amar a un Hijo. El amor a su Hijo, amar la creación, lo nuevo, porque con el Hijo, por el Hijo y en el Hijo, Dios está creando todas las cosas. Es amor a la diversidad, que quiere ser conocimiento, que quiere ser amor. Por eso también se puede hablar de un Novio o una Novia, de un Amigo o una Amiga, de un polo sin límite extremo o externo, el polo que pasa a nuestro lado, que es dos en una intimidad. Por eso el origen de todas las cosas no es un principio en el tiempo. El amor no solo produce desde una genealogía lineal. Es único antes que uno, antes que dual, es pensable e impensable.

Nuestro Señor Jesucristo, como decimos los cristianos, el Hijo que, según Guillermo de Ockham, es tan libre que de haberlo querido pudo haber encarnado a Dios en asno, en árbol o, mejor, en una mujer, la Hija, es amor porque es amar al Padre, a su Madre, amor desde el principio. Es entonces el amor a Dios, a la trascendencia, pero siendo no un dios, sino Dios, como enseñan el Evangelio de Juan y el Concilio de Nicea, es amor de Dios. Y siendo también de este mundo, al grado de ser un simple ser humano con una psique normal, como decía Orígenes, incapaz de hablar de bebé, un hombre que prueba ser Dios siendo solo un hombre, incluso que duda de Dios, como escribieron también la comunidad de Juan y Simone Weil, es el difícil amor de la vida por la vida trágica y mortal como divinización de las emociones. Se vuelve uno con Dios la distancia, la pérdida, el desamor y el enamoramiento. Un Dios que se convierte en Dios, la definición de lo que esto sea, el misterio que tiene como única guía amar hasta la ausencia de Dios, amar conocerlo, amarlo no en una foto metafísica tomada por un serafín, replanteado una y mil veces.

Y como el amor es cada amor, lo tiene todo aunque el todo sea nuevo, cada experiencia de conocimiento, el amor que es el Padre y el amor que es el Hijo es Dios, el Espíritu Santo. Si fuimos como dioses y podemos ser dioses, si fuimos música, nuestra propia canción, pero podemos ser la música, la canción de otro, es que somos esa experiencia.

Somos la creatividad de Dios, morimos con Dios y nos unimos con Dios porque la eternidad no tiene partes. En el Islam eso queda claro como la unicidad, no de un ser, sino de la experiencia, la experiencia con un origen universal en ninguna parte, lo nuevo. Del Tao o del Espíritu del que se puede hablar no es el verdadero Tao. Es el Espíritu de Dios el Espíritu del amor, el Dios engendrado por Dios para experimentar con Dios, para que Dios no sea solo uno o dos dioses solitarios, sino un Dios que es su amor.

 

Imagen: Santísima Trinidad, Greta Leśko, escritora polaca de iconos.