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¿Qué vale más: el souvenir o el momento? Lo que revela el Mundial sobre cómo usamos el dinero

Sociedad

Por: Mateo León - 03/24/2026

En torno al Mundial, el gasto va más allá de lo económico: refleja cómo las personas buscan pertenecer, vivir experiencias y construir recuerdos

Hay gastos que no se explican con lógica, sino con emoción. El Mundial 2026 no solo está moviendo selecciones, ciudades y calendarios. También está activando algo más íntimo: la forma en que decidimos usar el dinero cuando lo que está en juego no es una necesidad, sino una experiencia.

Porque, en el fondo, nadie necesita un jersey. Y sin embargo, millones de personas lo van a comprar.

Entre lo mínimo y lo extraordinario

En un pequeño sondeo realizado por Banco Dondé, las respuestas se movían entre dos extremos.

Algunas personas hablaban de comprar algo sencillo: una playera, un balón, incluso un objeto pequeño, casi incidental, como una estampa o un destapador. Otras pensaban en algo completamente distinto: boletos, ediciones especiales, objetos conmemorativos.

La diferencia no era solo de precio. Era de intención.

Lo barato aparece como una forma de participar sin alterar demasiado el presupuesto. Lo caro, en cambio, se percibe como una puerta de entrada a la experiencia completa.

Entre ambos, no hay solo una diferencia económica. Hay una diferencia simbólica.

Lo que compramos cuando compramos

Cuando se les preguntó qué tenía más valor —el objeto más barato o el más caro—, las respuestas no se alinearon con el precio.

Algunas personas dijeron que un jersey vale más porque se puede usar durante años. Otras afirmaron que los boletos son lo más valioso, porque permiten estar dentro del momento.

Ambas respuestas son correctas, pero apuntan a cosas distintas.

Una tiene que ver con la permanencia. La otra, con la intensidad.

Y en medio de esas dos dimensiones aparece una idea incómoda: no siempre compramos lo que dura más, sino lo que se siente más.

El deseo de estar ahí

Una de las respuestas más reveladoras del sondeo fue breve: “sí, si es algo histórico”. Esa palabra —histórico— explica buena parte del fenómeno.

No se trata solo de ver un partido. Se trata de formar parte de algo que, en teoría, no se va a repetir de la misma forma. De poder decir, más adelante, que uno estuvo ahí.

En ese sentido, el gasto deja de ser únicamente económico. Se convierte en una forma de construir memoria.

Y la memoria, a diferencia de los objetos, no se deprecia de la misma manera.

Entre el impulso y la intención

Pero no todas las decisiones pasan por ese nivel de reflexión.

También hay respuestas que apuntan a otra lógica: comprar ahora y pensar después. O gastar en algo pequeño, aunque no esté del todo claro por qué.

Incluso aparece una tercera posibilidad: consumir con la idea de recuperar el dinero más adelante. Estampas que se guardan para vender, ediciones especiales que se convierten en objeto de colección.

Son formas distintas de relacionarse con el dinero, pero todas tienen algo en común:
ninguna es completamente racional.

El valor no está en el precio

Hay una tendencia a medir el valor de las cosas en función de cuánto cuestan. Pero en contextos como este, esa medida se vuelve insuficiente.

Un objeto barato puede perderse en semanas. Un objeto caro puede dejar de tener sentido una vez que pasa el evento.

Y sin embargo, ambos pueden ser valiosos si cumplen una función emocional, simbólica o incluso narrativa.

La pregunta, entonces, no es cuánto cuesta algo, sino qué lugar ocupa en la historia personal de quien lo compra.

Elegir también es una forma de gastar

En medio de este tipo de decisiones, hay algo que suele pasar desapercibido: la forma en que se elige gastar.

No es lo mismo comprar desde la urgencia que desde la anticipación. No es lo mismo gastar por impulso que hacerlo con cierta intención.

Hoy existen herramientas que permiten darle estructura a ese tipo de decisiones. Desde separar el dinero destinado a consumo hasta apartar poco a poco lo necesario para una experiencia específica.

Opciones como Mi Ahorro Dondé o el uso de una cuenta digital permiten, en ese sentido, transformar un impulso en una decisión más clara. No eliminan el deseo de gastar, pero sí pueden cambiar la forma en que ese gasto ocurre.

Y a veces, esa diferencia es suficiente.

Lo que queda cuando pasa todo

Al final, el evento termina. Los partidos se olvidan. Los objetos se desgastan. Lo que queda no siempre es visible.

A veces es una playera guardada en un cajón. A veces es una anécdota que se repite durante años. A veces es simplemente la sensación de haber estado en el lugar correcto, en el momento preciso.

Entre el souvenir más simple y la experiencia más costosa, lo que realmente está en juego no es el dinero.

Es la forma en que decidimos usarlo para construir algo que, de alguna manera, nos represente.


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Imagen de portada: Colección Mundialista / Facebook