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Baturrillo: La autenticidad de nuestra coraza

Arte

Por: Pepe Moss - 02/13/2026

Puede ser un reclamo pero también reconozco que, en medio de la negligencia adulta, Elio y Glordon descubren que no se le puede pedir a alguien algo que no tiene, que su amistad y cariño es lo que hace especial al Comuniverso, antes de eso, sólo eran anhelos.

Hay heridas que no entendemos, simplemente duelen, hay heridas que pasamos nuestra vida evadiendo y por eso no sanan, heridas que habitan en nuestro cuerpo y en nuestra forma de ver el mundo, y Elio es una película de habla de ellas.

El largometraje número 29 de Pixar es la historia de un niño huérfano que queda al cuidado de su tía, refugiándose en la esperanza de ser abducido por extraterrestres y encontrar un lugar dónde pertenecer. Elio es una metáfora de los procesos internos frente al trauma, la exclusión, las expectativas adultas y la vulnerabilidad, todo en una aventura de ciencia ficción que, a simple vista, parecen ser sólo dibujitos.

Saludos de los niños del planeta tierra

Elio pierde a sus padres a temprana edad y queda al cuidado de su tía Olga, una aspirante a astronauta que se ve obligada a cambiar su vida para hacerse cargo de su sobrino. Después de escuchar una conversación entre su tía y una compañera de trabajo, Elio se escabulle a una exposición de la sonda espacial, Voyager, donde la voz expositora dice:


 “La Voyager jamás volverá a ver a quienes la crearon, viajará a la deriva, aislada y sola. Pero tal vez un día completará su misión al demostrar que no estamos tan solos después de todo”.


Elio en ese momento tiene unos 5 años, una edad en la que las niñas y niños tienen dificultades para aceptar lo irreversible de la muerte, por lo que es recomendable darles explicaciones sencillas y sinceras que les ayuden a entenderla como un proceso natural y definitivo.

Sin embargo, no creo que la tía Olga lo haya hecho, ocasionando en Elio un gran sentimiento de culpa y rechazo, por lo que se ve reflejado en la Voyager: se siente a la deriva, aislado y solo, deseoso ser encontrado por alguien en el universo que le pueda brindar el amor, cuidado, apoyo y reconocimiento que en la Tierra no encuentra.

Porque como explica a psicoterapeuta corporal y bioenergética, Alejandra Tinoco, en una entrevista exclusiva que me concedió:

“Elio vive la muerte de sus padres y también una muerte simbólica al no sentirse parte de, no sentirse mirado, no sentirse apapachado; eso es lo que nos hace seres humanos, la mirada del Otro”. Elio —y todas las infancias, — necesitan escuchar que les aman, valoran y cuidan, ¡que su existencia importa!

La “honorable” coraza

El otro protagonista es Glordon, el príncipe de los hylurgianos, un tierno niño extraterrestre destinado a portar una coraza de batalla que cubra lo vulnerable de su cuerpo suave y tibio por el resto de su vida; de lo contrario es deshonroso para él y toda su familia. Esta coraza equipada con todo tipo de armamento es parte del ritual de iniciación de la vida adulta en su cultura.

Todo esto me recordó el concepto de La Coraza Caracterológica, un concepto ideado por el médico y psicoanalista Wilhelm Reich, el cual plantea que las experiencias emocionales y conflictos psíquicos de la infancia y pubertad, se inscriben en el cuerpo con tensiones musculares y en nuestra postura.

La psicóloga, Alejandra Tinoco, declara:

“Una coraza es una protección que no permite sacar ni entrar. La coraza nos protege del exterior, pero también tergiversa nuestras propias emociones hacia afuera; o sea, una emoción siempre necesita salir, pero cuando hay una coraza, se distorsiona (es como un filtro), entonces ni la sentimos como debería ser naturalmente, ni la podemos expresar naturalmente”.

Glordon tiene miedo a ponerse la coraza porque dejará de sentir, de jugar, de ser libre, ¡no quiere ser una máquina de guerra! Y encuentra en Elio un aliado para evadir ese ritual, ambos huyen al Comuniverso para jugar y pasársela increíble, siendo por primera vez, sólo niños.

Que los niños jueguen y los adultos les cuiden, no al revés.

Elio y Glordon son dos niños rechazados por no cumplir las expectativas de quienes deberían cuidarles incondicionalmente: la tía Olga quería un niño tranquilo, obediente y activo en las tareas de la casa; el emperador Grigon, quería un hijo fuerte, valiente e independiente.

Ambos niños confiaban que el Comuniverso podría ser un lugar donde pudieran recibir aprobación y cuidado, sin embargo, está integrado por unos embajadores evitativos, negligentes y egoístas (como la mayoría de los adultos); una élite que disfruta de todos los lujos y comodidades en un rincón del universo mientras le delegan sus responsabilidades a un niño. Elio opta por protegerles con tal de no perder todo de nuevo.

Elio, al igual que muchas niñas y niños, tiene que responsabilizarse del cuidado de los adultos, bajo el pretexto de ser “maduros”, inteligentes, independientes; porque como adulto es fácil exigir a los niños que cumplan expectativas imposibles, como negociar con un emperador, mientras ellas y ellos comen y beben cómodamente en su paraíso espacial, irresponsables.

Y puede ser un reclamo pero también reconozco que, en medio de la negligencia adulta, Elio y Glordon descubren que no se le puede pedir a alguien algo que no tiene, que su amistad y cariño es lo que hace especial al Comuniverso, antes de eso, sólo eran anhelos.

Ambos amigos atraviesan el umbral a la independencia emocional, responsabilizándose de sus heridas para decir “no quiero” y no desde la evasión sino desde la negociación: Elio le dice “aún no” al Comuniverso, para regresar a la tierra y construir vínculos reales y enriquecedores con sus compañeros y familia; Glordon le dice a su padre, no quiero ponerme la coraza de batalla y no por eso no te quiero o no soy valiente. La autenticidad está blindada contra las expectativas y las culpas.

Los adultos reconocen esa autenticidad y flexibilizan sus corazas: la tía Olga acepta que tiene miedo y también se siente sola, pero quiere una vida con Elio; el emperador Grigon, se quita la armadura para darle calor y afecto a su hijo, pide disculpas al Comuniverso y acepta que Glordon no se ponga la coraza. Hay cosas que si no saben dártelas, tienes que pedirlas y buscarlas, desde la dignidad y congruencia de saber que las mereces.

¿Cómo flexibilizo mi coraza?

Según la bioenergética -- estudio de la transformación y uso de energía en los sistemas biológicos--,  la coraza no podemos “quitárnosla”, pero sí flexibilizarla; flexibilizar nuestro cuerpo es flexibilizar nuestras emociones, para que esos filtros sean consencientes y no automáticos, para que la coraza no se convierta en nuestra única personalidad.

La psicoterapeuta corporal, Alejandra Tinoco, me compartió una serie de pasos para empezar a reconocer nuestra propia coraza y dejar de ser una máquina de guerra (interna y externa); aquí se las dejo:

  1.  Golpecitos en el cuerpo para reconocer la coraza: donde hay menor sensibilidad física, hay una contractura y por lo tanto una emoción atorada.
  2.  Preguntarnos a nosotros mismos, “¿quiénes somos?” y descubrir qué hay debajo de esa coraza.
  3.  Reconocer que dentro de esa coraza hay una niña o niño que juega y es curioso, un adolescente que busca el romance y la aventura, y también un adulto que es responsable y cuidadoso.
  4.  Ir a te terapia y autoconocimiento: reconocer porqué reaccionamos como lo hacemos y desde qué lugar de nuestras heridas actuamos.
  5. Compartirlo con las niñas y niños para que su coraza no sea tan rígida cuando sean adultos, háganlo de manera suave y cuidadosa.
  6.  (Este es mío) Evitemos llenar de expectativas, culpas y responsabilidades que no les corresponden a las infancias, llenémosles de amor y apoyo, se lo merecen, nos lo merecemos.

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