Así será la alineación planetaria de febrero de 2026
Ecosistemas
Por: Carolina De La Torre - 02/12/2026
Por: Carolina De La Torre - 02/12/2026
A finales de febrero de 2026 ocurrirá una danza espectacular en el cielo: varios planetas coincidirán en una misma zona del cielo y darán la sensación de estar alineados, como si el sistema solar hubiera decidido posar para una fotografía.
La imagen suena casi perfecta, pero la realidad es menos rígida y bastante más interesante. Los planetas no forman una fila impecable en el espacio; lo que veremos es una coincidencia visual desde nuestra perspectiva en la Tierra. Un efecto óptico natural que convierte al cielo nocturno en una especie de mapa vivo.
La palabra alineación suele exagerarse. No hay una fila cósmica exacta ni un acontecimiento extraordinario detrás. Lo que sucede es que los planetas orbitan alrededor del Sol en trayectorias parecidas, por lo que, vistos desde aquí, parecen transitar por la misma ruta celeste.
Esa ruta es la eclíptica, un arco imaginario por donde también se mueve el Sol a lo largo del año. Cuando varios planetas coinciden visualmente cerca de ese camino, el resultado es lo que popularmente se conoce como un desfile planetario.
En pocas palabras: no es que el universo cambie su estructura, sino que durante unos días nuestra posición permite ver varios mundos compartiendo el mismo escenario.

El evento alcanzará su mejor momento alrededor del 28 de febrero, aunque será observable durante varios días antes y después. La clave está en el horario: aproximadamente una hora después del atardecer, cuando el cielo ya esté oscuro pero los planetas más bajos aún no hayan desaparecido.
Para disfrutarlo bien conviene buscar un sitio con horizonte despejado y poca luz artificial. Las ciudades complican la experiencia, pero no la arruinan por completo. A veces basta encontrar un punto alto o alejarse unas calles del brillo excesivo.
Quienes nunca han observado el cielo podrían sorprenderse con algo sencillo: los planetas no titilan tanto como las estrellas. Su luz es más firme, más constante, casi como si estuvieran suspendidos en calma.
Cada vez que ocurre algo así aparecen teorías sobre energías especiales, cambios emocionales o incluso riesgos para la Tierra. La astronomía, sin embargo, es clara: estas alineaciones no generan efectos físicos sobre nuestro planeta.
La gravedad que realmente influye en nosotros es la del Sol y la Luna. Los demás planetas están demasiado lejos como para alterar mareas, provocar sismos o cambiar comportamientos humanos. Lo que cambia es la forma en la que los vemos, no la manera en la que nos afectan.
Aun así, la fascinación persiste. Y quizá ahí está el verdadero fenómeno: nuestra necesidad de encontrar significado cuando el cielo parece ordenarse.