Tamales, maíz y memoria: así se vive la Candelaria en México… y en Chapulín
Buena Vida
Por: Mateo León - 01/30/2026
Por: Mateo León - 01/30/2026
En México, pocas comidas cargan tanto simbolismo como el tamal. No es solo un platillo: es ritual, herencia y comunidad, una receta que atraviesa siglos y calendarios. Cada 2 de febrero, con el Día de la Candelaria, el país entero vuelve a mirar al maíz como origen y como pretexto para reunirse. Este año, el restaurante Chapulín se suma a la celebración con un menú especial de tamales que dialoga con la tradición desde la cocina contemporánea.
La Candelaria marca el cierre del ciclo iniciado el Día de Reyes. Quien encuentra al niño en la rosca “paga los tamales”, pero más allá de la anécdota, la fecha tiene raíces profundas: combina la tradición católica con antiguos rituales mesoamericanos ligados al maíz, la fertilidad y el inicio del ciclo agrícola. Comer tamales no es una costumbre arbitraria; es una forma de agradecer, compartir y pedir abundancia.
El tamal es uno de los alimentos más antiguos de Mesoamérica. Hay registros de su preparación desde hace más de 5,000 años, y su versatilidad explica su permanencia: cada región, cada comunidad, cada familia tiene su versión. Dulces o salados, envueltos en hoja de maíz o de plátano, los tamales funcionan como archivo comestible de ingredientes locales, técnicas heredadas y memorias familiares.
Bajo esa lógica, Chapulín presenta un menú que no busca reinventar el tamal, sino honrarlo. Diseñado por el chef ejecutivo José Luis Ronquillo y su equipo, el menú reúne cinco versiones que dialogan con distintas regiones y sabores del país:

La propuesta estará disponible del 31 de enero al 8 de febrero, durante brunch de fin de semana, comida y cena, reforzando la idea de que la Candelaria no se limita a un solo día, sino que se vive como temporada.
En un contexto donde la cocina mexicana dialoga constantemente con la globalización, regresar al tamal es también un acto de resistencia cultural. No por nostalgia, sino porque el maíz —nixtamalizado, trabajado a mano, cocinado con paciencia— sigue siendo un recordatorio de que la identidad también se construye en la mesa.
Celebrar la Candelaria con tamales es, en el fondo, una manera de comer historia, de reconocer que la tradición no está congelada, sino viva, adaptable y compartida. Y que, año tras año, el maíz sigue siendo el centro de todo.