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«Sorry, Baby»: La vida que sigue tras el trauma, contada desde el humor negro

Arte

Por: Jonathan Flores - 01/03/2026

El debut como directora de Eva Victor llega con una singular combinación de drama y comedia, una manera de ver la experiencia traumática no únicamente con pesar y dolor, sino también con ligereza

A24 vuelve a apostar por una propuesta arriesgada y emocionalmente compleja con Sorry, Baby, una cinta que toma la experiencia del trauma y le da un giro inteligente a través del humor negro. Fiel al sello del estudio, la película se atreve a explorar temas incómodos desde una narrativa fresca, empática y profundamente crítica.

Dirigida, escrita y protagonizada por la actriz francesa Eva Victor, Lo siento, cariño (Sorry, Baby) marca su debut como directora, y es un debut que se siente sólido y prometedor. Más allá de su paso por el Festival de Sundance, destaca por el manejo preciso del guion y el uso del lenguaje cinematográfico para construir una historia que equilibra vulnerabilidad, ironía y una mirada renovada hacia el proceso de sanar.

La película sigue a Agnes, interpretada también por Victor, una joven profesora que recibe la visita de su mejor amiga de la universidad, Lydie. Lo que al principio parece un típico reencuentro entre viejas amistades pronto sirve para revelar el estancamiento emocional y profesional de Agnes. Mientras Lydie ha construido una vida estable —casada, en movimiento, avanzando— Agnes permanece atrapada en una rutina que se siente cada vez más ajena: vive donde siempre ha vivido y trabaja en la misma universidad de la que egresó.

Aquí es donde el montaje adquiere un papel fundamental. Eva Victor estructura la historia en capítulos narrativos, rompiendo la linealidad y permitiendo que el espectador descubra, pieza por pieza, lo que realmente ocurre debajo de la aparente “crisis de los 30”. Ese estancamiento, más que un miedo a crecer, es la sombra de un hecho mucho más profundo.

Agnes arrastra un evento traumático que sigue marcando su vida. La película retrata con honestidad la soledad que acompaña a quienes viven un trauma: incluso cuando la empatía existe, solo quienes lo han experimentado pueden comprenderlo desde dentro. Aun así, el personaje de Lydie funciona como recordatorio de la importancia de los vínculos afectivos, mostrando cómo una red de apoyo puede transformar incluso el dolor más silencioso.

El uso del humor negro para abordar un tema tan delicado podría no agradar a todos, pero la propia película reflexiona sobre ello. Reconoce que el arte puede representarse desde múltiples lenguajes: aunque un drama puro podría parecer la vía “correcta”, la comedia no resta fuerza a la crítica social ni a la mirada mordaz hacia un sistema que muchas veces trata el trauma como un trámite frío y deshumanizado. Por el contrario, la mezcla entre humor y tragedia evidencia la complejidad real de vivir con una herida abierta y desafía los estereotipos en torno a cómo “debería” contarse una historia así.

Sorry, Baby es, sin duda, una película que invita a comprender, cuestionar y sentir. Un relato que rompe tabúes, respeta la sensibilidad del tema y ofrece una perspectiva fresca sobre el trauma, la amistad y la extraña forma en que la vida continúa, incluso cuando una parte de nosotros se ha quedado atrás.


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