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Hugo Catalán y Octavio Hinojosa hablan en entrevista sobre "Sobriedad me estás matando", una comedia negra que reflexiona sobre la adicción, la salud mental y la presión por una vida perfecta. Estreno en cines el 29 de enero

Hay películas que nacen desde una anécdota, otras desde una urgencia. Sobriedad me estás matando parece haber nacido desde una herida que no termina de cerrar, pero que al menos se atreve a mirarse de frente. Antes incluso de hablar de adicciones, la cinta plantea algo más incómodo: la presión de encajar en una vida que se supone correcta, sana y resuelta.

La anécdota con la que inicia la charla no es menor. Hugo Catalán y Octavio Hinojosa cuentan —entre risas y sorpresa— que ambos terminaron tatuándose el mismo símbolo: “el pescadito de la oreja de Raffi”. Un gesto que habla de compromiso, pero también de algo más profundo: cuando una historia se mete en el cuerpo, no basta con interpretarla, hay que cargarla.

Para Octavio Hinojosa, protagonista y coguionista de la película, el origen de Sobriedad me estás matando está directamente ligado a una experiencia personal y a un golpe profesional. “Llegó a mi vida cuando había hecho casting para una película de un estudio muy grande… y un par de semanas antes de empezar el rodaje me bajaron y pusieron a un actor muy conocido, con muchos followers”, cuenta. Ese proyecto caído se convirtió en el detonante para volver a un guion que ya existía en borrador y que terminaría tomando forma junto a Raúl Campos y Félix de Valdivia.

“Ya conocía el personaje de Raffi porque es en parte autobiográfica esta historia”, explica. Raffi es una oveja negra que, tras 17 años entrando y saliendo de rehabilitación, se enfrenta a un mundo que avanzó sin él. Amigos, relaciones y expectativas ya no están en el mismo lugar. Y esa desorientación, lejos de ser individual, conecta con algo colectivo.

Hugo Catalán recuerda que, desde la lectura del guion, fue claro que no estaba frente a una comedia convencional. “Era una comedia que estiraba la liga al borde de lo incómodo. Hay escenas —como una que ocurre en un cementerio— donde piensas que va a pasar lo esperable, lo cómodo, y ocurre otra cosa. Eso es liberador”. Para él, esas decisiones narrativas arriesgadas son las que hacen que una película tenga voz propia: “Si no se toman, se vuelve una más de las mil que ya vimos”.
Aunque la historia no es de época en un sentido clásico, ambos coinciden en que es profundamente representativa del momento que vivimos. “La hicimos en 2024 y el mundo se mueve tan rápido que ya parece otra época”, dice Octavio. Pero el fondo sigue vigente: una crisis generacional marcada por expectativas imposibles y comparación constante. “Vivimos expuestos a las vidas de los demás en redes sociales. Nos hacen sentir que si no tenemos una vida excepcional, que se pueda presumir, entonces no tiene valor. Y eso es un error completo”.

La conversación inevitablemente deriva hacia la presión contemporánea por llevar una vida saludable, productiva y feliz. No como posibilidad, sino como mandato. “Es como estar en una prensa”, reflexiona Octavio. “Poco espacio se da a otros tipos de vida, a desear otras cosas. Estamos sobreestimulados, adictos también a la pantalla”. Frente a eso, la película propone algo distinto: una mirada más amorosa y empática hacia quienes parecen difíciles de querer. “Detrás de esas personas hay heridas de vida e historias complejas que no entendemos”.

Quizá uno de los puntos más potentes de Sobriedad me estás matando es que sugiere que, a veces, lo más doloroso no es la adicción en sí, sino la idea de una vida normal. Para Hugo, esa reflexión se volvió más profunda con la paternidad. “Antes pensaba que la vida normal era renunciar a ser actor. Luego, con mis hijos, vi que buscaban validación simplemente por existir… por una foto, por likes”. Y ahí surge una alarma mayor: niños y adolescentes midiendo su valor en números. “Eso no tiene nada que ver ni con la felicidad ni con ser extraordinario”.

La película se presenta como comedia negra, pero su trasfondo un poco más profundo. Habla de salud mental, de expectativas, de empatía y de esa sensación persistente de no estar a la altura de lo que se supone que deberíamos ser. Quizá por eso conecta: porque no ofrece respuestas cerradas, pero sí la posibilidad de reconocernos en la incomodidad.

Sobriedad me estás matando se estrena en cines el 29 de enero en todo el país. No promete soluciones, pero sí algo cada vez más escaso: una conversación honesta sobre lo que implica vivir —y sobrevivir— en tiempos donde incluso la sobriedad parece una exigencia imposible.


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