Hatsuyume: la creencia japonesa sobre el primer sueño del año
Magia y Metafísica
Por: Carolina De La Torre - 01/02/2026
Por: Carolina De La Torre - 01/02/2026
En Japón existe una creencia tan simple como poderosa: el primer sueño del año puede decir mucho sobre lo que está por venir. A ese primer sueño se le llama hatsuyume y, más que una superstición aislada, es una tradición profundamente ligada a la forma en que la cultura japonesa piensa el tiempo, los comienzos y la suerte.
La palabra hatsuyume significa literalmente “primer sueño”. Se refiere al sueño que una persona tiene en los primeros días del año —tradicionalmente entre la noche del 1 y el 2 de enero— y que, según la creencia popular, funciona como una especie de presagio para los meses que siguen.
No se trata de leer el futuro de manera literal, sino de asumir que el año comienza también en el inconsciente. Que incluso dormidos, algo se acomoda, se revela o se proyecta.
Aunque hoy el hatsuyume se menciona de forma casi anecdótica, la tradición se consolidó durante el período Edo (siglos XVII al XIX), una época en la que Japón vivía una relativa estabilidad política y social. En ese contexto, muchas prácticas simbólicas relacionadas con el Año Nuevo se popularizaron entre la población: la primera visita al templo, el primer amanecer… y, claro, el primer sueño.
El Año Nuevo no era solo un cambio de calendario, sino un reinicio completo del orden cotidiano. Por eso, observar qué aparecía en los sueños tenía sentido: el sueño era visto como un espacio donde se cruzaban deseos, augurios y advertencias.
Dentro del hatsuyume existe una fórmula muy conocida que enumera los sueños más favorables que se pueden tener. Es un dicho tradicional que dice:
“Primero el Monte Fuji, luego un halcón y después una berenjena.”
Soñar con cualquiera de estos elementos se considera de buena suerte, y el orden importa. El Monte Fuji simboliza grandeza y estabilidad; el halcón, ambición y agudeza; y la berenjena —quizá la más extraña— se asocia con el éxito y la realización, por un juego lingüístico con la palabra japonesa nasu, que también significa “lograr”.
Más allá de la anécdota, estos símbolos muestran algo clave: la fortuna no se entiende solo como dinero o éxito, sino como equilibrio, ascenso y cumplimiento personal.

Durante siglos, algunas personas colocaban imágenes bajo la almohada para “guiar” su hatsuyume. La más común era la takarabune, el barco que transporta a los Siete Dioses de la Buena Fortuna. La idea era sencilla: invitar a la buena suerte incluso antes de despertar.
Si el sueño resultaba negativo, existía otra figura simbólica: el baku, una criatura mitológica que devora pesadillas. Nombrarlo al despertar era una forma de neutralizar el mal augurio. No para negarlo, sino para no cargar con él todo el año.
Hoy, el hatsuyume se vive de manera más ligera, pero sigue presente. No como una regla estricta, sino como un gesto de atención hacia el propio mundo interior. Una pausa para preguntarse qué apareció en ese primer sueño y por qué.
Tal vez ahí esté su verdadero sentido: no adivinar el futuro, sino comenzar el año escuchando lo que normalmente ignoramos. Porque en Japón, incluso dormir puede ser una forma de empezar de nuevo.