El Senado analiza prohibir el uso de celulares en escuelas de educación básica
Sociedad
Por: Carolina De La Torre - 12/31/2025
Por: Carolina De La Torre - 12/31/2025
En el Senado de la República volvió a abrirse una discusión que toca de lleno la vida cotidiana de millones de familias en México: el uso de celulares y dispositivos móviles dentro de las escuelas de educación básica. Una iniciativa impulsada por el Partido del Trabajo busca prohibir estos aparatos durante la jornada escolar en primarias y secundarias, bajo el argumento de recuperar a la escuela como un espacio de atención, convivencia y formación integral.
La propuesta llega en un contexto donde la presencia del celular en el aula dejó de ser excepción para convertirse en norma. Pantallas encendidas, notificaciones constantes y una conexión permanente que, para muchos docentes y especialistas, compite directamente con los procesos de aprendizaje y con la interacción humana que da sentido a la experiencia escolar.
💥Adiós al uso de celulares en las escuelas
— Enséñame de Ciencia (@EnsedeCiencia) December 26, 2025
En México, el senador Alberto Anaya Gutiérrez presentó una iniciativa para reformar el artículo 84 de la Ley General de Educación, prohibiendo el uso de celulares, tabletas, relojes inteligentes y otros dispositivos móviles en… pic.twitter.com/80CryV9HT0
La iniciativa fue presentada por el senador Alberto Anaya Gutiérrez, coordinador del Partido del Trabajo en el Senado, y propone una reforma al artículo 84 de la Ley General de Educación. El objetivo central es prohibir el uso de teléfonos celulares y otros dispositivos móviles personales durante el horario escolar en los niveles de educación básica.
La restricción no solo incluye celulares, sino también tabletas electrónicas, relojes inteligentes y cualquier otro dispositivo móvil que los estudiantes lleven consigo a la escuela. La idea es clara: durante la jornada escolar, estos aparatos no formarían parte de la dinámica cotidiana del aula.
La propuesta no plantea una prohibición absoluta. Se contemplan excepciones específicas, como casos de emergencia o situaciones relacionadas con necesidades educativas especiales. Fuera de estos supuestos, el uso de dispositivos móviles no estaría permitido dentro del plantel.
Además, la iniciativa faculta al personal docente y directivo para retener los dispositivos durante el horario escolar, con la obligación de devolverlos al finalizar la jornada. Esta medida busca asegurar que la norma se cumpla de manera efectiva y que no quede solo como una recomendación sin consecuencias prácticas.
Al presentar la iniciativa, el senador Anaya explicó que la reforma responde a un fenómeno cada vez más visible en las aulas mexicanas: el uso indiscriminado del celular y su impacto directo en la atención, la convivencia escolar y el sentido formativo del espacio educativo.
Desde esta perspectiva, la escuela debería volver a ser un entorno que favorezca la concentración, la lectura, el pensamiento crítico y la interacción directa entre alumnos y docentes. La preocupación no se limita al rendimiento académico, sino también a la forma en que los estudiantes se relacionan entre sí y construyen vínculos fuera de la lógica de la pantalla.
Otro de los argumentos centrales de la iniciativa es la protección de la niñez en entornos digitales. El uso constante del celular en la escuela puede facilitar prácticas como el ciberacoso, la exposición a contenidos inapropiados y una dependencia creciente a la conectividad permanente.
Desde el punto de vista de los impulsores de la reforma, establecer límites claros al uso de la tecnología dentro del aula es una forma de garantizar el derecho de niñas y niños a una educación de calidad en un entorno sano y equilibrado, donde el aprendizaje no esté mediado todo el tiempo por una pantalla.
El senador ha insistido en que la iniciativa no busca frenar el progreso tecnológico ni negar el valor de las herramientas digitales en la educación. La intención, señala, es que la tecnología funcione como un apoyo complementario y no como un sustituto de la interacción humana.
Bajo esta lógica, el aula seguiría siendo un espacio donde el diálogo, la presencia y la atención compartida tengan un papel central. La tecnología, cuando se use, debería estar claramente integrada a objetivos pedagógicos y no responder a una lógica de uso permanente y sin mediación.
La discusión no es nueva. En estados como Querétaro ya se han implementado restricciones al uso de celulares en escuelas de educación básica. Autoridades locales han señalado que estas medidas han contribuido a disminuir casos de bullying y a mejorar la concentración en clase, aunque los resultados siguen siendo materia de análisis.
A nivel académico, el debate permanece abierto. Algunos estudios señalan mejoras en el rendimiento y la atención cuando se limitan los dispositivos móviles, mientras que otras investigaciones advierten que las prohibiciones, por sí solas, no resuelven problemas más profundos como la autorregulación, el uso responsable de la tecnología o el tiempo total frente a las pantallas.
La propuesta ya fue turnada a las Comisiones Unidas de Educación y de Estudios Legislativos, donde será analizada y eventualmente dictaminada. En el camino, es previsible que el debate crezca y que se escuchen voces a favor y en contra, tanto desde el ámbito educativo como desde las familias y la sociedad civil.
Más allá de si la prohibición avanza o no, la iniciativa vuelve a poner sobre la mesa una pregunta de fondo: qué lugar deben ocupar las pantallas en la formación de niñas y niños, y cómo construir entornos escolares que equilibren tecnología, aprendizaje y convivencia en una era de conexión constante.