El futuro de la jubilación en México empieza a moverse, y no precisamente hacia abajo. El sistema pensionario vive un momento de ajustes que redefinirán la edad y las condiciones con las que los trabajadores podrán cerrar su ciclo laboral. La administración de Claudia Sheinbaum ya confirmó las nuevas reglas, y, aunque el cambio se presenta como un paso necesario, también abre una conversación incómoda sobre el tipo de empleos que ofrece el país y quiénes realmente podrán alcanzar estos nuevos requisitos.
Durante décadas, la cifra de referencia fue simple: 65 años para el retiro ordinario. Un número claro, casi automático. Pero el contexto ya no es el mismo: la esperanza de vida crece, los fondos de seguridad social se tensan y el sistema demanda una actualización. El problema es que esta actualización se está implementando en un país donde tener un empleo formal, estable y con cotización continua en el IMSS es casi un privilegio, no la norma.
Las modificaciones buscan darle oxígeno a la Seguridad Social y ordenar la relación entre edad, años cotizados y beneficios. La intención es comprensible. Lo que complica el panorama es que millones de personas trabajan en esquemas informales, subcontratados o con contratos temporales que interrumpen su cotización, y aun así se espera que cumplan con trayectorias laborales largas, casi ininterrumpidas.
Aquí aparece la primera grieta: no todos tienen las mismas oportunidades de sumar semanas, y el sistema pide “permanencia” en un mercado laboral que no siempre la garantiza.
https://t.co/5HWZJGXHEP Es injusto que a los trabajadores nos incremente la edad de pensión y a los maestros les baje la edad de retiro.Nosotros trabajamos más 😡😡😡😡👎🏻👎🏻👎🏻👎🏻👎🏻👎🏻👎🏻
— rubio288 (@rubio288) November 28, 2025
A partir de 2025, la edad de jubilación ordinaria aumentará dos meses respecto a 2024. Quienes no alcancen 38 años y tres meses de cotización tendrán que esperar hasta los 66 años y ocho meses para retirarse.
Es un ajuste que, sobre el papel, suena lógico. En la práctica, plantea dudas sobre cuántas personas lograrán llegar a esas cifras después de años lidiando con empleos precarios, rotación, outsourcing y condiciones que no siempre permiten cotizar de manera constante.
Las personas que sí logren acumular 38 años y tres meses o más podrán seguir jubilándose a los 65 años, como antes. Es la excepción que premia una trayectoria larga y estable. Pero aquí también entra otro debate que muchos jóvenes ya mencionan en redes y en sus oficinas: los puestos de trabajo bien pagados y con prestaciones suelen estar ocupados por personas que, en teoría, ya podrían jubilarse pero se quedan por necesidad o porque la pensión no les alcanza.
Como resultado, nuevas generaciones entran tarde al mercado formal, y cuando lo hacen, es común que se encuentren con contratos cortos, bajos salarios o empresas que “prefieren no dar IMSS”. Eso les resta años de cotización justo en un sistema que ahora exige más tiempo acumulado.
El ajuste intenta estabilizar el sistema, pero deja preguntas abiertas. México se suma a la tendencia mundial de elevar la edad de jubilación, aunque aquí el punto frágil no es solo la edad: es la desigualdad en las condiciones laborales, la brecha entre trabajar y cotizar, y el temor de que este cambio termine beneficiando únicamente a quienes ya estaban dentro del círculo de empleos formales y estables.
El país tomó la decisión de mover el reloj, sí, pero falta resolver si todos podrán seguirle el ritmo. Porque trabajar más años es una cosa; poder hacerlo en un empleo digno que cuente para tu retiro es otra muy distinta. Y ahí es donde todavía hay mucho que ajustar.