Kinam, la práctica ancestral que el mundo actual necesita
Salud
Por: Carolina De La Torre - 04/03/2025
Por: Carolina De La Torre - 04/03/2025
En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados mientras la conexión humana se diluye, el equilibrio parece haberse convertido en un anhelo cada vez más lejano. La modernidad ha traído consigo la epidemia del estrés, la alienación de la naturaleza y una profunda desconexión hasta con nosotros mismos. Sin embargo, en medio de este caos, emergen las prácticas ancestrales como destellos que iluminan el camino hacia una existencia más armónica.
Entre ellas, el Kinam, un sistema de movimiento basado en la sabiduría tolteca, ha comenzado a resurgir en México y América Latina como una herramienta de integración entre cuerpo, mente y espíritu.
El Kinam despliega sus raíces de la filosofía y cosmovisión tolteca, una civilización mesoamericana que floreció en el centro de México entre los siglos X y XII d. C. Los toltecas, además de constructores y artistas, fueron guardianes de un conocimiento profundo sobre la percepción, la energía y la armonía con el entorno. Para ellos, el mundo no era un conjunto de objetos fijos en el espacio, sino una construcción de percepción moldeada por la interacción entre cuerpo, mente, emociones y energía vital. Equilibrar estos cuatro elementos era la clave para acceder a una concciencia más elevada.
Desde esta perspectiva, los sabios toltecas desarrollaron un sistema de posturas de poder, movimientos rituales y técnicas de respiración, complementadas con la meditación, la recapitulación y el ensueño consciente. Esta tradición, transmitida oralmente y plasmada en esculturas, códices y murales, quedó en gran medida en el olvido tras la llegada de los conquistadores. Sin embargo, el Kinam ha comenzado a recuperar su lugar en la contemporaneidad gracias a la investigación del antropólogo Frank Díaz, quien durante más de dos décadas recopiló documentos coloniales y tradiciones orales de comunidades indígenas.
Lejos de ser un simple ejercicio físico, el Kinam es un sistema integral de desarrollo que busca la alineación entre lo físico, lo emocional y lo espiritual. Su práctica combina movimientos estructurados con una profunda conexión energética, enfatizando la importancia de la transición entre posturas. Cada postura no solo ejercita el cuerpo, sino que también representa estados psicológicos y etapas de la vida. Por ejemplo, la Postura del Brote simboliza el renacimiento y la iluminación, mientras que la Postura de la Raíz representa el arraigo y la estabilidad.
Además, el Kinam incorpora el ensueño como una práctica clave. A diferencia de un sueño común, el ensueño tolteca es un estado de consciencia ampliado en el que se explora la realidad desde una perspectiva energética. Al aprender a dirigir la atención dentro del sueño, los practicantes pueden fortalecer su nahual, es decir, su capacidad de acción empoderada en la realidad cotidiana. De esta manera, el Kinam trasciende la dimensión corporal y se convierte en una vía de transformación profunda.
Hoy, en un mundo saturado de distracciones, fragmentación y estrés, el Kinam ofrece un refugio y una guía para regresar al centro. La alineación de mente, cuerpo y espíritu no es un lujo, sino una necesidad urgente para enfrentar los desafíos del presente con claridad y equilibrio.
El Instituto Kinam, fundado por Frank Díaz, Alejandra Cobo, Ana Delia Benito y Eduardo Dondé con el apoyo de Fundación Rafael Dondé, se ha dedicado a difundir esta práctica en México y el mundo. A través de clases presenciales en Polanco y Coyoacán en Ciudad de México, así como otras localidades fuera de la capital y programas en línea, la enseñanza de Kinam se ha convertido en una herramienta para quienes buscan una forma de vida más consciente.
Ser "tolteca" no es una cuestión de linaje, sino una elección de vida. Como explica Frank Díaz: "Ser Tolteca no es una cuestión de religión o nacionalidad; todos podemos ser toltecas". En una época donde la prisa y el ruido nos alejan de nuestra propia esencia, recuperar la sabiduría ancestral puede ser el acto de resistencia más poderoso. El Kinam no es solo una práctica, es un llamado a recordar lo que realmente somos.