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Ícono, anomalía o estereotipo reciclado: la historia de Camelia desafía la narrativa masculina del corrido y plantea una pregunta incómoda, ¿es un símbolo de libertad o solo otra mujer atrapada en el destino que escribieron para ella?

Camelia la Tejana irrumpe en el imaginario de los corridos como un torbellino de pólvora y rabia. En un género dominado por hombres, donde la narrativa glorifica la temeridad masculina y el control sobre el destino, ella no es víctima ni mártir: es la mujer que se apropia del relato. La historia de "Contrabando y traición", escrita en 1972 por Ángel González y popularizada por Los Tigres del Norte en 1974, no sólo reaviva el corrido norteño, sino que marcó un punto de inflexión en la representación femenina dentro de la música popular mexicana. Camelia no es una amante sufrida ni una sombra de su compañero Emilio Varela. Es una figura de acción, de ruptura, de desafío.

El feminismo ha tratado de reivindicar figuras transgresoras, pero el caso de Camelia es particularmente espinoso. ¿Es su acto de violencia una reafirmación de su autonomía y valentía o simplemente una consecuencia de la narrativa patriarcal que sólo concede poder a las mujeres a través de la locura o la venganza? En El segundo sexo (1949), Simone de Beauvoir ya advertía cómo la mujer ha sido reducida a una otredad dependiente del hombre, relegada a los márgenes de la historia. Camelia rompe con esa estructura: desaparece con el dinero y se borra de la historia en sus propios términos. Es una anomalía en el corrido, donde las mujeres suelen ser trofeos o lamentos, pero también es producto de un mundo que solo le ofrece el revólver como vía de escape.

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El cine y la literatura han intentado capturar su esencia, pero en ese proceso la han diluido, convirtiéndola en un símbolo al servicio de narrativas que siguen controladas por los hombres. ¿Es un ícono feminista o un refuerzo de los estereotipos sobre la mujer como ente volátil y peligroso? La narcocultura, con su código de honor hipermasculino, ha reciclado su figura, pero la ha despojado de su enigma original. Camelia no busca redención ni gloria: su final es una elipsis en llamas. En ese vacío radica su fuerza.

…Sonaron siete balazos, Camelia a Emilio mataba
La policía ya solo halló una pistola tirada
Del dinero y de Camelia
Nunca más se supo nada…

El feminismo no necesita figuras puras ni impolutas, sino personajes que evidencien la complejidad de la mujer dentro de estructuras que la ahogan. Camelia, con su revólver y su huida sin retorno, es la grieta en la narrativa hegemónica. No es heroína ni villana: es un fantasma que sigue galopando entre la música y la memoria.


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Imagen de portada: Poster de la película «Contrabando y traición», Arturo Martínez (1975)