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Rafael Ruiz Espejo y El fin de las primeras veces: “Hay historias queer que todavía necesitan ocupar el centro de la pantalla”

Arte

Por: Jonathan Flores - 06/08/2026

«El fin de las primeras veces» es una obra relevante dentro del cine mexicano contemporáneo: no se trata únicamente de una historia sobre identidad queer, sino de una película sobre crecer, equivocarse, desobedecer y descubrir quién se quiere ser cuando por primera vez desaparecen las certezas

Dentro del panorama reciente del cine mexicano LGBTQ+, El fin de las primeras veces destaca por abordar el descubrimiento sexual y emocional desde un lugar íntimo, cotidiano y profundamente humano. La ópera prima de Rafael Ruiz Espejo sigue a Eduardo, un joven que viaja a Guadalajara para presentar su examen de admisión a la universidad y que, lejos de la vigilancia familiar, comienza a explorar nuevas formas de deseo, libertad e identidad.

Lo que inicia como un viaje académico pronto se convierte en una experiencia de transformación personal. La película encuentra su fuerza en los silencios, en las miradas y en aquellos pequeños momentos que suelen marcar el tránsito entre la adolescencia y la adultez.

Para Ruiz Espejo, esa etapa de la vida fue precisamente el punto de partida de la historia.

“Quería capturar ese momento tan efímero de la transición hacia la adultez. Es un lugar muy vulnerable, pero también muy optimista porque parece que todas las puertas están abiertas frente a ti y tienes que decidir si las cruzas o no”, explicó el director.
La película también surge de una experiencia profundamente personal. Durante años, Ruiz Espejo encontró en el cine un espacio de identificación que no hallaba en otros medios.

“Gran parte de mi infancia y adolescencia estuvo marcada por la falta de referentes sobre la identidad queer. Muchas veces sentía que era la única persona que experimentaba ciertos deseos o emociones. El cine fue la primera ventana que me permitió descubrir que existían otras personas que se sentían como yo”.

Esa búsqueda de representación atraviesa toda la película. Sin embargo, el director considera que la conversación actual debe ir más allá de la mera presencia de personajes LGBTQ+ en pantalla.

“Ahora existe mucha más representación y eso es algo que agradezco mucho. Pero creo que el siguiente paso es llevar al centro de la conversación aquellas películas que desafían más la heteronorma, porque muchas historias queer terminan suavizadas o romantizadas por la lógica comercial”.

Esa intención se refleja en la construcción de Eduardo, un protagonista reservado que rara vez expresa lo que siente de manera directa. Ruiz Espejo decidió construir la película desde la observación y los gestos antes que desde la explicación verbal: “Es un personaje que aprendió a ocultar muchas cosas. Habla más desde lo que observa, desde aquello a lo que sostiene la mirada o aquello que evita mirar. Muchas veces el rostro dice más que las palabras”.

La cámara adopta esa misma lógica. En lugar de explicar constantemente las emociones del personaje, permanece cerca de él y permite que el espectador descubra poco a poco sus inquietudes, deseos y contradicciones.

El resultado es una película que encuentra sentido en aquello que permanece sin decirse. La vulnerabilidad de Eduardo no surge de grandes confesiones, sino de pequeñas acciones que revelan su proceso de autodescubrimiento.

Otro de los aspectos centrales de El fin de las primeras veces son sus escenas de intimidad, tratadas con una naturalidad poco frecuente dentro del cine comercial mexicano. Para Ruiz Espejo, estas secuencias formaban parte esencial de la propuesta narrativa.

“Buscábamos una relación muy franca con los cuerpos frente a la cámara. Era importante que existiera honestidad y que las escenas formaran parte natural del viaje del personaje”.

El director destacó además el trabajo realizado junto a la coordinadora de intimidad Ruth Ramos y el compromiso de los actores para construir un ambiente basado en la confianza y la comunicación.

“Desde el inicio hablamos con total claridad sobre qué queríamos mostrar y cuáles eran los límites de cada persona. Era importante que todos compartiéramos la misma visión de la película”.

Más allá de su dimensión autobiográfica, Ruiz Espejo considera que la película conecta con experiencias universales. La necesidad de abandonar el espacio familiar, enfrentarse al miedo y descubrir una identidad propia son procesos que trascienden cualquier orientación sexual.

“Lo más bonito ha sido encontrar espectadores que me dicen: ‘eso me pasó exactamente a mí’. Tal vez cambian las circunstancias, pero muchas de las emociones son las mismas”.

Esa capacidad de generar identificación es precisamente lo que convierte a El fin de las primeras veces en una obra relevante dentro del cine mexicano contemporáneo. No se trata únicamente de una historia sobre identidad queer, sino de una película sobre crecer, equivocarse, desobedecer y descubrir quién se quiere ser cuando por primera vez desaparecen las certezas.

Como resume el propio Ruiz Espejo, la película habla de “ese momento en el que tienes que desafiar a la primera autoridad, que es la familia, para poder vivir con libertad, seguir tus impulsos y aventarte a la vida”.

Y es justamente en esa incertidumbre donde El fin de las primeras veces encuentra su verdad más poderosa.