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«Qué saludable es para México que las mujeres escriban sobre sus padres»: Julieta Venegas (ENTREVISTA)

Arte

Por: Yael Zárate Quezada - 05/26/2026

Julieta Venegas habla sobre Norteña, su disco y libro de memorias construido en torno a sus raíces en Baja California y su relación con la música desde la infancia. Reflexiona sobre las diferencias entre componer y escribir, el proceso personal que implicó el libro, y el tipo de compositora que es hoy: alguien que busca la sencillez y la emoción directa.

“Qué saludable es para México que las mujeres escriban sobre sus padres”, se confiesa Julieta Venegas al hablar sobre algunas de las cosas más complejas que vivió al momento de escribir su primer libro: Norteña, memorias del comienzo.

Y es que en un país y en una escena musical tan marcada por la presencia masculina, su trabajo a lo largo de más de 30 años, es un referente muy importante considerando que tan solo en 2025 la participación de artistas o agrupaciones conformadas por mujeres representaba solo el 24 por ciento en una muestra de 54 festivales.

Pero ¿de qué habla Norteña? Bien, esta es la más reciente entrega musical de la tijuanense, pero también es una inspiración que se convirtió en un libro y durante este recorrido de poco más de 130 páginas, Julieta nos lleva a un viaje por sus inicios y primeros acercamientos a la música, la relación cercana con su hermana gemela, Ivonne, sus primeros amores, la relación con sus padres pero sobre todo es un vistazo a la nostalgia y a  la transformación de su carrera. 

En entrevista para Pijama Surf, Julieta Venegas ahondó sobre su más reciente entrega y con ello, abrió una puerta a un pasado poco conocido. 

 

Pijama Surf (PS): ¿Por qué escribiste Norteña en esa etapa de tu vida y de tu carrera?

Julieta Venegas (JV): Porque estaba justamente haciendo un proyecto de memoria musical. El disco de Norteña quería enfocarlo en ese territorio, entonces empecé a leer mucho sobre Baja California, sobre Tijuana, sobre todo. Eso se conectó con una memoria escrita que varias veces había intentado acercar y luego dejaba, porque sentía que no tenía sentido en ese momento. Pero al estar haciendo este disco, que tenía que ver con la memoria, dije: siento que tiene sentido ahora. Empecé a acompañarlo con ese texto sin saber muy bien si lo iba a lograr terminar. El proceso me gustó: pensar el recorrido de mi relación con la música, cómo celebrar y conectar con ese territorio donde crecí y con la relación que me inculcaron con la música. Eso es también lo que me pregunto en el libro: ¿por qué la música? Y tiene que ver con mi familia, con la música que escuchaba de chica. Todo se empezó a conectar.

PS: Hoy, a más de 30 años de carrera, ¿qué compositora eres?

JV: Quiero decir las cosas de la manera más sencilla y directa posible, tanto cuando escribo un texto como cuando escribo una canción. Para mí, la canción tiene que hacer sentir, no pensar. La música te abre puertas en diferentes lugares y, aunque el arte no puede mover el mundo de manera estructural, sí puede mover emociones, abrir posibilidades y conexiones que son muy importantes para las personas. Más viendo cómo el mundo se vuelve más complejo y la tecnología nos separa un poco más, el arte nos hace conectarnos de una manera más cercana.

PS: ¿Tuviste alguna referencia literaria o musical al momento de escribir?

JV: Sí, muchas. Especialmente el ensayo personal, que siempre me ha gustado mucho. Vivian Gornick, por ejemplo, y memorias de músicos que he leído en diferentes momentos, como Kristin Hersh, que escribió Rat Girl. Soy un poco cliché, pero si estoy de gira me encanta leer a alguien que también esté de gira, que me cuente cómo era cuando estaban de gira. Me encanta la memoria de músicos. Pero también quería lograr un cruce entre el ensayo personal, que es más reflexivo, y la memoria. 
No quería contar toda mi vida, sino enfocarme en mi relación con la música, entender: ¿por qué la música? La lectura es una constante para mí. No me imagino mi vida sin unas horas de lectura todos los días, porque es mi forma de encontrar reflexión, de meditar, de pensar el mundo. Siempre viene a través de la palabra, entonces necesito ese espacio.

PS: ¿Cuál es la diferencia entre componer un álbum y escribir?

JV: Es muy diferente. Llevo tantos años componiendo canciones que ya sé cuándo la empiezo y ya sé cuándo la termino. El texto es distinto: se extiende más, tienes que volver más, revisar, corregir. Es algo mucho más riguroso. Quedé muy fan de la gente que escribe, la verdad, porque sí requiere más disciplina. Para escribir una canción me tomo unas horas y ya más o menos sé cuándo la tengo. 

La escritura me parece un ejercicio bonito. Siempre he escrito diarios, pero eso es muy desordenado: escribes lo que se te ocurre y es mucho más libre. Cuando me di cuenta de que quería escribir un texto así, supe que requería un trabajo de estructura, de sentido, de orden. Y fue muy loco porque sí me reconcilié con muchas cosas de mi vida al escribir el libro.

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PS: Después de escribir Norteña, ¿comprendes mejor a la Julieta de aquellos años?

JV: Sí. Tomé mucha terapia antes de escribir el libro, y eso fue importante porque tenía muchas trabas que tenía que resolver conmigo misma, con mi familia, con mi historia. Tuve que acomodar todo eso antes de empezar, porque no hubiera podido escribirlo con cosas a medias. Por suerte, con mi familia tengo un diálogo muy bueno que se ha ido actualizando con la vida. Por más que hablo de lo estricto que era mi papá cuando yo crecía, ahora sé que nuestra relación ha cambiado, que él ya se suavizó. Creo que les hace bien a los señores mexicanos que sus hijas escriban sobre ellos. El padre mexicano es casi como una estatua, y estamos aprendiendo a desarmarla, a que ellos también puedan reflexionar sobre las cosas que se les impusieron y que pueden cambiar. Mi papá ya leyó el libro, mi mamá también, y están contentos. Para ellos también es bonito ver esa historia.

PS: Si Norteña tuviera un soundtrack, ¿qué artistas y canciones incluirías?

JV: Tendría que estar Juan Gabriel, seguro, desde lo más ranchero hasta su época pop. Una canción que tiene que estar es "He venido a pedirte perdón". Los viajes de carretera con mi familia siempre tenían el disco de Rocío Dúrcal con Juan Gabriel, el de Amor Eterno, que creo que nos marcó a muchas generaciones en México y también marcó mi manera de hacer canciones y de pensar lo que quiero proponer. Juan Gabriel inventó como el pop ranchero. 

También tienen que estar Los Tigres del Norte, sí o sí, porque el norteño que había en mi casa era Los Tigres. Y los corridos de José Alfredo Jiménez, como El Caballo Blanco, que nos gustaba mucho porque el caballo eventualmente llega a Tijuana. De hecho, fue un shock enterarme de que no era un caballo sino un auto, que José Alfredo se lo escribió a su coche. Toda la vida me imaginé un caballo blanco. Y también la Sonora Santanera, porque siempre se ha bailado mucho en mi casa. La cumbia, el baile, Bronco: esos son parte del soundtrack familiar.

PS: ¿Qué opinas sobre la complejidad del panorama de compositores en México actualmente?

JV: Tenemos una riqueza musical enorme que transmite realidades muy diferentes. La música no solamente expresa las cosas bonitas, también tiene que expresar las realidades de muchas personas que a otros nos pueden parecer difíciles o peligrosas. Por un lado, hay compositores jóvenes muy sensibles, como Silvana Estrada o Macario Martínez, que hablan de una realidad muy cercana. Por otro lado, tenemos el Corrido Tumbado, que cuenta historias más duras y que también renueva la música mexicana de una manera distinta. 

Yo no creo en la censura en la música. Las ideas ya están ahí, la realidad está ahí, basta con verla. Hay toda una generación, o ya varias, que solo conoce una realidad donde México tiene este nivel de violencia. No podemos abstraernos de eso: es parte de lo que somos, es parte de nuestra cultura, y hay que escuchar esa parte también.


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Imagen de portada: Jonathan Zárate