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«O Último Azul» : Una historia brasileña que cuestiona qué hace la sociedad con la vejez

Arte

Por: Jonathan Flores - 05/20/2026

El proyecto atravesó crisis políticas en Brasil, la suspensión de fondos cinematográficos durante el gobierno de Jair Bolsonaro y la pandemia, factores que retrasaron una producción que siempre buscó mantener intacta la libertad creativa del director.

Desde su estreno en la Berlinale, la película brasileña O Último Azul se ha convertido en una de las propuestas latinoamericanas más comentadas del año. La cinta dirigida por Gabriel Mascaro imagina un futuro cercano donde la vejez se transforma en un problema administrativo y político. A través de Teresa, una mujer de 77 años obligada a abandonar su rutina para ingresar a una colonia destinada a adultos mayores, la película construye una distopía que resulta demasiado cercana para sentirse ajena.

La crítica social de la película no surge del exceso ni desde los grandes discursos futuristas. Su fuerza aparece en detalles cotidianos, en la normalización de ciertas violencias y en la manera en que Teresa intenta conservar su autonomía dentro de un sistema que ya decidió qué hacer con ella. En entrevista, el productor Sandino Saravia Vinay explicó que esa conexión con la realidad forma parte esencial de la obra de Mascaro.

“Gabriel tiene esa capacidad de encontrar situaciones que parten de algo real y llevarlas apenas un poco más allá. Muchas veces parecen absurdas, pero después terminan ocurriendo”, comentó Saravia Vinay al recordar cómo ideas planteadas en películas anteriores del director incluso llegaron a materializarse años después en Brasil.

El productor, quien lleva más de quince años trabajando junto a Mascaro, aseguró que la construcción de O Último Azul tomó casi una década. El proyecto atravesó crisis políticas en Brasil, la suspensión de fondos cinematográficos durante el gobierno de Jair Bolsonaro y la pandemia, factores que retrasaron una producción que siempre buscó mantener intacta la libertad creativa del director.

“Queríamos hablar de cosas profundas de nuestra sociedad, pero desde personajes comunes. Gabriel siempre trabaja desde la vida cotidiana, desde la gente que vive con un sueldo regular y enfrenta problemas reales”, explicó.

Uno de los elementos más destacados de la película es su tratamiento de la vejez. Teresa nunca aparece como una víctima pasiva ni como una representación reducida de la tercera edad. Para Saravia Vinay, esa construcción fue resultado de años de conversaciones y reescrituras entre el equipo creativo.

“Intentamos retratarla con mucha dignidad. A pesar de todo lo que enfrenta, ella sigue siendo un personaje decidido, alguien que quiere hacer algo y va hacia ello sin que le tuerzan el brazo”, señaló.

La película también destaca por su estética luminosa y por el uso constante de espacios naturales en el Amazonas brasileño. Esa decisión visual representó uno de los mayores retos logísticos de toda la producción. Varias secuencias se filmaron sobre embarcaciones en movimiento, una situación que complicó desde la colocación de cámaras hasta el trabajo de maquillaje, sonido y vestuario.

“Filmar en barcos fue un infierno logístico”, recordó entre risas el productor. “La cámara estaba en otra embarcación, el maquillaje en otra, el vestuario en otra más. Cuando terminaba una toma, había que esperar muchísimo tiempo para volver a posicionar todo”.

A esas dificultades se sumó el clima extremo del Amazonas. La humedad y el calor provocaron fallas constantes en equipos inalámbricos y complicaron la comunicación técnica durante el rodaje. Aun así, Saravia Vinay considera que el esfuerzo terminó por fortalecer la identidad visual de la película.

Más allá de su dimensión política, O Último Azul también funciona como una reflexión sobre la libertad individual y sobre el derecho a decidir cómo vivir la última etapa de la vida. Teresa encuentra en ese viaje una forma de recuperar algo que el sistema ya le había arrebatado: la posibilidad de elegir.

Para el productor, ahí reside buena parte de la fuerza emocional de la historia. “Es un personaje muy digno y muy querible. A pesar de las dificultades, sigue adelante porque quiere hacer algo para ella misma”.

Saravia Vinay también destacó la presencia mexicana dentro de la producción. El fotógrafo Memo Garza, el compositor Memo Guerra, el diseñador sonoro Arturo Salazar y el editor Omar Guzmán participaron en áreas fundamentales de la película.

“Hay una mirada mexicana muy importante en la fotografía, en la música, en el sonido y en el montaje. Esta película también tiene muchas manos mexicanas”, afirmó.

Tras obtener el Oso de Plata en el Festival Internacional de Cine de Berlín y continuar su recorrido internacional, O Último Azul llega a salas mexicanas bajo la distribución de Pimienta Films, consolidándose como una de las películas latinoamericanas más relevantes del año.

 


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Instagram del autor: @johny_zf


 

Imagen de portada: Cortesía